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miércoles, 21 de mayo de 2008

Entretiempo


Mientras espero que Boca se clasifique, paso por Agentes Racionales y descubro que hay uno todavía más soñador que yo. Yo me conformo con que Argentina se parezca a Dinamarca, pero Bob quiere que se parezca a Islandia, nada menos.

Y entonces yo me acuerdo de un dato que siempre me llamó la atención de Islandia: la demografía.

A Islandia la poblaron los vikingos desde Noruega y es el país que tiene los registros más exhaustivos de su patrón genético. Hace unos años, cuando empezó ese famoso estudio sobre el genoma humano, se empezó a estudiar desde una base de datos islandesa. Se sabe, por ejemplo, que los islandeses actuales descienden de padres vikingos y madres irlandesas. Dicen (yo nunca conocí una así) que las mujeres son rubias de pelo lacio y ojos azules, pero que cuando se queman con el sol se ponen morenas como las magrebíes.

Pero ese no es el tema del que quiero hablar. De lo que quiero hablar es del hecho que Islandia tiene la proporción de hombres cada 100 mujeres más alta del mundo occidental. Y lo suficientemente alta como para hacerla muy llamativa.

Es un hecho bastante conocido que si a la naturaleza la dejan actuar en paz, normalmente nacen más hombres que mujeres. Con los años, sin embargo, su número se reduce, por razones varias como la mayor propensión de los varones a morirse de muerte súbita cuando son bebés, en accidentes de tráfico cuando ya no lo son tanto o de accidentes cardiovasculares cuando alcanzan la mediana edad. En casi todos los países normales, el cociente hombre-mujeres o sex-ratio suele ser menor a 100. En todos, menos en Islandia. Es lo que yo llamo el efecto Estado de Bienestar.

En el gráfico de arriba, hecho con datos que saqué de acá, tenemos a unos cuantos países agrupados en distintas categorías. Los amarillos son la India, China y Bangladesh, donde desde hace años se "deselige" tener hijas. Amartya Sen dijo una vez que se calcula que el déficit de mujeres en esos países es alrededor de 100 millones. Mujeres que tendrían que haber nacido pero que no nacieron nunca o murieron de bebitas. Algo parecido debe pasar en los países rojos, pero de eso no se habla demasiado en la prensa, así que es algo que descubrí mirando los datos. Puse a Israel para comparar porque está cerca. También son interesantes las diferencias entre Turquía, Egipto y Marruecos. O entre Grecia y Turquía. A más fundamentalismo islámico, más hombres.

Después viene una serie de países donde no matan a las nenas, que sobreviven solas, y cuidan a los nenes, a los que les cuesta un poco más. Los países con esperanza de vida más alta, además, tienden a tener una proporción de hombres mayor. Una vez que los hombres pasan los 65, no se mueren ni a propósito. Y encima con buena salud. El efecto Estado de Bienestar se hace notar entre Islandia, Suecia y Dinamarca (los daneses tienen una dieta muy poco saludable y fuman y toman mucho), entre los escandinavos y la Europa Continental, lo que muy bien no me explico –aunque en Alemania, cuando uno mira la serie, se ve el efecto de la guerra– y ¡entre Canadá y los EE.UU.!

Después vienen los países Mediterráneos. Lo de Grecia es medio inexplicable, la diferencia entre España y Portugal se explica por una combinación entre el mejor sistema de salud español y la emigración de hombres portugueses en los '50s y '60s, que además resultó en que Portugal hoy tenga montones de mujeres en el mercado de trabajo.

Y al fin llegamos a América Latina. Brasil es una sorpresa, ¿cómo puede ser que haya tantos hombres? ¿algo parecido a lo que pasa en la India? ¿o serán los portugueses emigrados? En Uruguay pasa lo mismo que en Portugal, supongo, hombres emigrantes y mujeres que se quedan. En Chile, supongo que la explicación es la política para combatir la mortalidad infantil, que, como dije antes, normalmente es más frecuente entre varones. La última barrita es toda Europa, que incluye a la Europa del Este, donde la mortalidad es bastante más alta que en Europa Occidental.

En resumen, para que la población esté más o menos equilibrada, hace falta cuidarla. Y ahí, además de una religión tolerante y costumbres civilizadas, necesitamos unas buenas políticas de salud pública.

Y habiendo terminado el partido con el resultado esperado, se termina este post.