Mostrando las entradas con la etiqueta Hal. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Hal. Mostrar todas las entradas

miércoles, 28 de abril de 2010

Que pierda Kirchner para que gane quién?

Los cheques de Aníbal con destino nac&popósfera están lejos de mi alcance, así que banco al compañero y digo, impostando la voz: que Néstor pierda en 2011. Eso sí, primero cuenten quién gana porque a cualquier bondi no me subo. Y temo que la mayoría de los bondis circulantes, además de truchos, nos devuelvan allí donde ya estuvimos y no queremos regresar. Pongámoslo en estos términos, son colectivos cuyos choferes y buena parte de los pasajeros no saben si los '90 quedan adelante o atrás.

Miremos el asunto desde el manifiesto que Lindahl nos legara:

a) Moreno es un desastre en varios sentidos, las prohibiciones para exportar casi que fueron peor remedio que la enfermedad, la política de subsidios es un desquicio y ya nadie se ríe cuando hablamos -como hablábamos- del capitalismo de amigos, ok. Ahora, del 74 para acá, ¿qué otro gobierno puede mostrar mayores incentivos que los presentes en materia de producción y trabajo? En ese aspecto, lo mismo si hablamos de redistribución progresiva y disminución de pobreza, no hay con qué darle a los datos duros. Hay que ver los ciclos y considerar los efectos estructurales de cada estabilización luego de una crisis: tal vez no sea mucho pero, por primera vez desde aquel entonces, se revirtió (un poquito) la tendencia. ¿Alcanza? Nah, ni ahí, pero es lo que hay.

b) Desde la 125, el Gobierno es una máquina de crear opositores y ganarse enemigos al pedo, sí. También son conocidas sus operetas para sacar rivales de la cancha mediante procedimientos poco emparentados con el fair play. Pero, del otro lado, ¿cómo viene la mano? Al día de hoy, la demonización del rival no es patrimonio exclusivo del kirchnerismo, es un negocio en el que todos, o casi todos, participan por convicción o conveniencia. En este escenario de fuerte binarismo, hay halcones, palomas y hasta jilgueros, pero el cartelito de “Inocente” no tiene muchos candidatos. Claro que el enfrentamiento podría tener mejores modos, los actores deberían ser más tolerantes y convendría que la polarización se ajustara a cuestiones menos circunstanciales, pero ya es un logro para las tradiciones políticas del país que no estemos contando muertos. Algún mérito al respecto deberíamos reconocerle a los K, ¿o no?

c) La propuesta de no usar el Estado en beneficio propio es una de esas ideas que me resultan ininteligibles: ¿el aparato estatal debería usarse en detrimento del propio gobernante? Trabajemos por menor discrecionalidad, mayor pluralismo y otro tipo de ética pública, todo eso está muy bien, pero no le pidamos a esta administración que viole la ley de la gravedad. Todos los gobiernos del planeta piensan al Estado en beneficio propio.

Por otro lado, corresponde considerar que la oportunidad para reglar la vida de los medios estatales se abrió durante la discusión de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y gran parte de la oposición rehuyó el debate para atrincherarse junto al Grupo Magnetto. Ese es otro buen ejemplo para ilustrar la conveniencia de privilegiar los juicios relacionales con base en lo realmente existente. En política, claro.

d) Sobre el último punto, está bien lo que ya se comentó. ¿Justo al gobierno que puso la tarasca le vamos a tirar por la cabeza el desempeño de la educación? Es obvio que no resulta condición suficiente, concedo, pero tampoco se puede negar que un mayor financiamiento es condición de posibilidad para recuperar el valor de la gestión pública.

En definitiva, un mejor gobierno, despojado de los errores, vicios y contradicciones señalados, es parte del terreno de lo ideal. Acercarse a ese ideal requiere de una construcción y no alcanza con los buenos deseos. Entonces, propongo que trabajemos la hipótesis de una alternativa superadora pero a condición de no olvidar que el campo político fomenta la división de los agentes en “espacios” enfrentados que se definen a sí mismos por ese enfrentamiento (liberales/conservadores, izquierdas/derechas, peronistas/antiperonistas). Creo que podemos acordar eso aún cuando Ferdinand de Saussure, Claude Lévi-Strauss o Ernesto Laclau no formen parte, habitualmente, del bagaje teórico de los economistas. Si también acordamos que la política es hija del conflicto o, bien, que la política es expresión del conflicto, incluso para ordenarlo y darle estabilidad, llegaríamos a la conclusión de que los agentes que se mueven en el campo político encuentran dificultades estructurales para autonomizarse de la lógica, la dinámica, las reglas y/o las condiciones que imperan en ese campo. De modo que los agentes políticos tienden al clivaje porque la política impulsa a ello, pero también porque la lógica binaria suele impregnarse en esos agentes. Las apuestas trascendentales articuladas a partir del conflicto son rentables como concepción y como acción. Ergo, para escapar a la tensión kirchnerismo-antikirchnerismo y poder constituirse en tercero se requiere de algo más que la sola voluntad.

Y como FP no es nac&popista pero sí puede considerarse una tribuna de doctrina progresista (creo que hasta 0.33 firma eso, por un justo precio), hablamos de un tercerismo que tenga condiciones y disposición (ay, Bourdieu) para romper la polarización e impulsar un programa progresista. Disposición puede haber mucha, pero condiciones no sé. A prudente distancia del actual oficialismo, ¿dónde y con quiénes encaramos semejante construcción? ¿Desde qué identidades?

Hechas las preguntas, bienvenidas las respuestas.