martes, 17 de noviembre de 2020

Y después del Peronazo,…. qué?

El 14 de agosto de 2003 en su discurso en la Federación Argentina de Municipios (F.A.M.) Néstor Kirchner decía: "La Argentina está saliendo de un subsuelo muy profundo y no hay que tener un gobierno encerrado en un entorno de cuatro paredes", por ese entonces la economía crecía al 8% y el porcentaje de argentinos que todavía por debajo de la línea de pobreza rondaba el 52%, la crisis del 2001 había dejado una Argentina devastada económica e institucionalmente subsumida en la más profunda miseria. 
 Contra todo pronóstico favorable, el mensaje era enfático, para que arriben inversiones al país era necesario "tener instituciones y dirigentes serios, seguridad jurídica y estabilidad, no dirigentes complacientes". 

Un año después de ese discurso los economistas Finn E. Kydland y Edward C. Prescott fueron galardonados con el Premio Nobel por sus contribuciones a la teoría de la dinámica macroeconómica; la consistencia temporal de la economía política y las fuerzas de la coyuntura. Uno de los principales aportes de sus teorías económicas, es la modelización de los efectos de la reputación de los hacedores de política sobre la economía real. 

Daniel Heymann, profesor de macroeconomía de la Universidad de Buenos Aires solía contar un cuento perfecto para ejemplificar lo complejo y problemático que es generar instituciones serias y con buena reputación. 

La historia comenzaba así: “El embajador argentino en Londres va a una reunión con el canciller británico al Palacio de Buckingham. Sorprendido por la belleza del jardín le pide al canciller que le presente al jefe de jardineros para conocer todos sus secretos de jardinería. Se junta con el jefe de jardineros y le pide que le cuente los reales secretos para tener un jardín tan lindo. El jardinero le dice “el secreto es cortarlo una vez a la semana y regarlo cuando no le da el sol”. El embajador argentino se enoja y furioso le responde “eso no es cierto yo hago lo mismo en el jardín de mi casa de Morón y no está tan lindo”. 

Y el jardinero termina la discusión con un flemático “pero acá hacemos eso todos los días desde hace 500 años”. 

La moraleja que aprendió el supuesto embajador en Londres es similar a lo que decía Néstor en la FAM, para crecer sostenidamente el césped también necesita instituciones serias y estables. 

Mauricio Macri con apenas unos meses de gobierno, impuso en las redes sociales (siempre en modo sincronizado independiente) la frase #BrotesVerdes en referencia a buenas pero aisladas noticias económicas. 

En abril 2016 él ex presidente dijo que vendrían inversiones “como no se veía en décadas” e impuso la idea abstracta de que una futura lluvia de inversiones regaría nuestras pampas. Ese discurso se replicó en las redes durante 4 años y a falta de #BrotesVerdes estaban los medios hegemónicos reforzando esa idea, de que “Argentina iba por un camino correcto”. 

Sin embargo, la famosa lluvia jamás llegaría, ni siquiera una llovizna. Sólo vino un aporte a la campaña electoral macrista en forma préstamo récord del FMI. Los economistas macristas y los periodistas “serios” repiten constantemente que la economía argentina tiene un problema de confianza. 

Recordemos que son los mismos que le hacían de “Coro Gospel” a Mauricio Macri cuando nos evangelizaba en su Iglesia de “La lluvia de inversiones” y nos decía cada argentino podía comprar 5 millones de dólares por día. 

Cuando los trumpistas piden señales que generen confianza, los que ya conocemos sus cantos corales sabemos que en realidad están reclamando ajuste fiscal: baja del gasto público y reducción de los impuestos progresivos. Y ya sabemos que pasa en una economía cuando se pretende restablecer “la confianza” mediante un ajuste recesivo. A la economía le pasa lo mismo que al supuesto embajador en Londres, el césped no le crece. 

La imagen más contundente que vale más que mil palabras para responder a cualquier argumentación sobre la importancia del clima de negocios y de las instituciones como atractor definitorio de nuevas inversiones es esta famosa foto del empresario Carlos Bulgheroni sentado en el desierto de Afganistán negociando con los taliban el trazado de un gasoducto. 



Ninguno de los cientos de jardineros que durante más de 500 años tuvieron a su cargo el cuidado del jardín real, pensó jamás que la clave de su trabajo era generar un buen estado de ánimo entre sus compañeros, sino que sabía que todo pasaba porque se hiciera lo que había que hacerse. Regar el césped a la caída del sol y cortarlo una vez por semana. 

Hace un mes, conmemoramos el #75OctubresDeLealtad. 

Salimos en caravana a la calle con la distancia social que corresponde, pusimos La Marcha a todo volumen y tuvimos una fiesta de alegría y respeto. Fue la alegría del encuentro a la distancia de esa militancia que miraba con asombro cuando los medios hegemónicos decían que habíamos “perdido la calle”. Sin embargo, la marcha fue multitudinaria y los medios “serios” atónitos ante este festejo no podían reaccionar. 

En una escena ya famosa de esa transmisión, un periodista se acerca a un auto con una inscripción que dice en un costado “me bajaste la web” y del otro lado reza “Ustedes trajeron la gente y nosotros el pueblo” casi como una especie de final River-Boca, solo que con la diferencia que en el fútbol se ganan los puntos y en la vida real ganamos todos. 

Si bien los niveles de pobreza y de desempleo siguen siendo los mismos que en la primera semana de octubre, algunas voces oficiales quieren transformar el #17O en un mojón y plantean que las manifestaciones de apoyo al gobierno constituyen una inyección de ánimo y respaldo. Fue mucho más que eso pero sin embargo no es suficiente. 

Mi gen institucionalista me dice que los pilares fundamentales donde se apoya un buen gobierno son, en cambio, los acuerdos políticos que garantizan la gobernabilidad necesaria para implementar la reformas que constituyen el plan de gobierno. Hoy se vota en Diputados el Impuesto a las Grandes Fortunas.

 Los #BrotesVerdes están peleando con una normalidad que todavía no está a la vista y se entremezcla con la lucha de los que solo piensan en cómo atravesar esta crisis económica y pandémica con el menor costo emocional y económico posible. 

En su discurso en el acto en la CGT del 17 de octubre, Alberto Fernández volvió a repetir que este tiempo que le toca presidir el país se le parece mucho al 2003. Ese año en el que Néstor Kirchner nos decía que estábamos “saliendo de un subsuelo muy profundo”. El presidente sabe que Argentina está atravesando una de las peores crisis económicas de su historia. 

A los pocos días de haber asumido como Ministro de Economía, Martín Guzmán ganó el concurso por el cargo de Profesor Titular de la Cátedra de Dinero, Créditos y Bancos de la UNLP, luego llevar más de 15 años como profesor adjunto. Hasta hacía unos pocos meses, el titular de esa cátedra no era otro más que nuestro viejo contador de chistes sobre jardineros londinenses, el profesor Daniel Heymann, por lo que podemos estar seguros de que el ministro Guzmán se sabe de memoria el cuento del césped del Palacio de Buckingham. 
La economía no responde a gestos simbólicos ni a anuncios grandilocuentes, sino que como la grama londinense reacciona lentamente a medidas concretas que incentiven la demanda agregada de manera consistente y sostenible. 

El peligro latente de una jornada tan intensa y festiva como la del 17 del mes pasado es caer en la tentación de dejar que el corazón caliente se imponga sobre la mente fría. En el mundo del fútbol es viral la frase “Mente fría y Corazón caliente”, como receta para ganar partidos difíciles. 

La Bersuit tiene dos hermosas canciones que estuve escuchando mientras escribía este post. 

Una es el Baile de la Gambeta que tiene estas frases perfectas para la ocasión.

 “Para jugar De local en cualquier cancha
 Aunque pongo el corazón 
Y vo' ponés la plancha” ……. 
 “Y, porque soy De la escuela del Bocha 
Voy con la fantasía A la estrategia fría 
Y, si no hay copa 
Que haya cope para la gente 
Que salta sobre el dolor 
Y nace nuevamente”

   

En mi columna en El Destape planteaba: “No importa cuantos militantes oficialistas se junten, para poder gobernar, se necesitan votos en el Congreso y orejas, el gobierno más que apoyo necesita orejas. Pero orejas de carne y hueso. Las orejas virtuales no las reemplazan. Las redes son un microclima, mientras los trolls de un bando y del otro nos batimos a duelo para imponer tendencias, en la calle siguen pasando cosas. Cosas que no pueden seguir pasando desapercibidas o dicho de otro modo, las cosas que pasan tienen que ser parte del discurso oficial. Si hoy no están dadas las condiciones objetivas para solucionarlas, y se necesita más tiempo, por lo menos debe quedar claro que hay orejas oficiales que están escuchando lo que pasa en la calle. Si nos quedamos en la zona de confort de las redes sociales, nos olvidamos de que cada vez que nosotros ganamos en Twitter, estamos perdiendo en la vida real”. 

A fines de Octubre, se conocieron los resultados de la encuesta de opinión pública que realiza la Universidad de San Andrés. La imagen positiva de Alberto Fernández cayó a sólo el 35%. En abril era de 67%. Por su parte según el INDEC, la actividad económica en los primeros ocho meses del año acumula una caída del 12,5%. La segunda canción de la Bersuit se cae de maduro, es “La Argentinidad 
al Palo”

   

 Después del Peronazo del 17 de octubre, lo que necesitamos es generar un Argentinazo

martes, 14 de julio de 2020

Friedman, Trolls S.A., los medios y las redes sociales

Pasar de ser bloguero a tuitero y querer volver a las fuentes es muy difícil. Tuiter genera la capacidad de pensar sobre varios temas a la vez al generar conversaciones paralelas. Marge, dame más Dopamina!!!!
El costo del alto consumo de Dopamina es que después cuando se quiere escribir un post, se tiene todas las conversaciones en la cabeza y esas voces son muy difíciles de callar como nos enseñó Russel Crowe en su rol de John Nash, en una Mente Brillante.

Toda esta introducción es un pedido de disculpas anticipado por esto que estoy escribiendo. El que avisa no traiciona.

A mi modo de ver la piedra basal de la profesión de economista es este artículo de Milton Friedman sobre la capacidad predictiva de la teoría económica Donde básicamente dice que una teoría es útil no por su poder explicativo sino por su poder predictivo. No importa si los supuestos son "irreales" si al final del día, la realidad se "ajusta" a los resultados previstos. 

Hoy me surgió una pregunta pensando el tema del odio en los medios y en las redes sociales. El standard sobre la libertad de expresión y la libertad de prensa consiste en que cada medio y cada periodista debe tener plena libertad para informar y opinar lo que crea conveniente y oportuno y que el Estado no debe ejercer ningún tipo de control sobre los contenidos de los programas y notas. A mi entender, ésta forma de ver el mercado de las noticias responde a un mundo que ya no existe. Paso a explicar.
La idea básica es que el Estado no debe meterse en la calidad del producto que ofrecen los medios porque la competencia hará que el medio "malo" sea desplazado por el medio "bueno". "Bueno" = contenidos de buena calidad. "Malo" = fake news y otras barbaridades.
Si un medio brinda contenido "malo" dejará de ser consumido a costas del medio que brinda contenido "bueno".
Ya sé, no me peguen que soy Giordano
Esta idea "naif" supone un mercado competitivo, con empresas de medios que no tiene otros intereses que generar medios rentables. No se enojen conmigo, ya discutimos mucho 7 años atrás sobre la LSCA  y Clarí . Sobre la adecuación Y concretamente sobre la regulación de contenidos.

El punto que quiero hacer es que me parece que ese mundo donde no había razones para controlar contenidos ha cambiado y la soberanía del consumidor que antes era la piedra basal de la argumentación estaría funcionando de manera distinta. 

En el esquema ideal teórico de la soberanía del consumidor, el individuo consume lo que maximiza su utilidad, (lo que le conviene, diríamos en el barrio). Por lo tanto si estamos en el mercado de noticias, y yo consumo una noticia que resulta ser falsa tengo un incentivo a no volver a "comprar" noticias en ese medio porque me vendió "pescado podrido". Mi comportamiento racional es no reincidir en ese medio, trasladar mi consumo de noticias a medios "más creíbles". 

Hasta hace unos años, los medios obtenían ingresos básicamente de los anunciantes. La relación con los consumidores de noticias estaba mediatizada por las empresas anunciantes quienes tenían fuerte poder de incidencia sobre los contenidos de los medios. 

Existía un rol "deseable" de los anunciantes y ahora ese rol se ha perdido. Antes la forma de monetizar el negocio tenía el contrapeso de los anunciantes debido a la opacidad del mercado. Los anunciantes no publicitaban programas "radicales". Hoy ven los números indiscutibles de visitas y clicks y no pueden anteponer su moral al negocio.

Hoy el consumo de noticias, se transformó en un campeonato mundial de sesgos, donde el sesgo de confirmación compite con todos sus rivales (miren la dirección de este último link).

No quiero decir que estos problemas no existían antes, sino que ahora el consumo digital de medios y las redes sociales generaron un nuevo paradigma donde los empresarios de medios racionalmente deben elegir ser William Hearst y no Bob Woodward ni Carl Bernstein.

Si los especialistas han identificado el problema que genera la adicción a la Dopamina de las redes sociales y los medios digitales, los economistas deberíamos aplicar la enseñanzas de Friedman y ver cuales serían las consecuencias de un mercado de medios y noticias donde los incentivos están alineados en forma incorrecta. Monetizar contenidos es mucho más fácil transformándose en traficantes de dopamina digital que aspirando a ganarse el premio Pullitzer.

La discusión sobre regulación de plataformas está rápidamente abandonando el paradigma clásico de la regulación ex post hacia un nuevo paradigma de regulación ex ante e inversión de la carga de la prueba. Quizás es hora de prestar un poco más de atención

No es  hora de abandonar la economía del reparo y avanzar hacia la economía de la prevención?

lunes, 13 de julio de 2020

Del Hombre Nuevo a la Burguesía Nacional - Los Unicornios Azules del Progresismo Argentino

El otro día en  un reportaje en C5N, Mempo Giardinelli dijo que él quería ser un tábano para el oficialismo. La figura me resultó interesante. El quería resguardarse el derecho a manifestar sus disidencias o diferencias con el relato oficial. 

Eso hemos sido siempre en este blog y ahora que volvimos después de más de un año sabático retomaremos esa vieja costumbre.

Recuerdo que cuando era estudiante de la carrera de economía de la UBA y cursaba Sistemas Económicos Comparados llegó a mis manos un apunte que hablaba del marxismo vulgar y el hombre nuevo. Pasaron casi 30 años así que tengo recuerdos borrosos de ese texto, pero siempre guardé en mi memoria la idea de que el marxismo vulgar era una ideología que proponía una nueva forma de organizar la sociedad a partir del "hombre nuevo". El hombre nuevo era el concepto clave de la teoría. La sociedad ya no estaría conformada por hombres (y mujeres y otras disidencias) egoístas y materialistas sino por una nueva clase de personas que básicamente eran altruistas. Ese altruismo sería la clave para el nuevo sistema de organización de la sociedad.
.
Pido disculpas por todas las barrabasadas que puedo haber escrito en el párrafo anterior porque sólo tiene fines de ser un ejemplo pedagógico.

La gran mayoría de la literatura sobre desarrollo económico y política industrial generada en Argentina tiene como piedra basal de todas sus argumentaciones la inexistencia en nuestro país de una burguesía nacional. Creo que el concepto es made in Aldo Ferrer, pero no importa si fue su idea original o no, lo importante es que esa idea funciona como punto de palanca básico para todo lo que se escribe sobre políticas de desarrollo en Argentina. Por ejemplo, en esta nota de Zaiat de ayer, el tema vuelve a la palestra.

En la facultad estudiamos bastante el modelo koreano de desarrollo, hace 30 años era el último caso exitoso de desarrollo económico, supongo que hoy los alumnos estudiaran Irlanda y China. Recuerdo que en varias materias (Fallas de Coordinación o Repetición Pedagógica?) leíamos a Alice Amsden y sus textos sobre el modelo de crecimiento por exportaciones liderado por el Estado. Recuerdo que los profesores hacían mucho hincapié en repetir el rol clave de la política de promoción de exportaciones al sistema de metas e incentivos, creó que fue el gran Roberto Frenkel que con su irreverencia pedagógica nos decía "si el empresario no cumple las metas acordadas no sólo le quitan los beneficios arancelarios y fiscales, sino que lo meten preso". Sí amigos.  Contrario sensu con la idea tan difundida hoy en los medios y las redes sociales no fue la libertad empresaria la clave del modelo koreano, sino la férrea conducción de la política industrial del gobierno de ese gran republicano demócrata que fue Park Chung-hee de Partido Democrático Republicano que gobernó Korea del Sur desde 1963 a 1979.
Si tienen dudas sobre cual es la causa fundamental del éxito del modelo de desarrollo koreano vuelvan a leer el nombre del partido. 

El punto es que los Chaebols, los conglomerados empresariales que lideraron el proceso de desarrollo no eran empresas creadas por una burguesía nacional sino que eran empresarios que trataban de hacer negocios en el marco de una dictadura militar que los amenazaba con la cárcel si rompían los acuerdos alcanzados. 

Estoy haciendo una defensa de los principales grupos económicos argentinos? La sociedad argentina tiene cuentas pendientes, pero no podemos seguir pensando que para que Argentina se desarrolle necesitamos "Empresarios Nuevos". 

Perón decía que un rancho se hace con paja, barro y bosta 

Hoy Roberto Navarro entrevistó a Miguel Acevedo  En un momento del diálogo, Navarro le pregunta si los empresarios argentinos son evasores, y Acevedo le responde ratificando elípticamente la idea de navarro con un "el empresario argentino es argentino".  

Alfredo Ossorio, fue mi jefe durante casí 7 años. Alfredo es sociólogo y profesor en UNLA, pero antes que nada es un militante peronista desde su adolescencia sesentista. Durante esos 7 años charlamos mucho de política y economía. Siempre recuerdo que una vez, me explicó que en los debates en la izquierda peronista él comprendió que el socialismo no era viable en la sociedad argentina por la vía pacífica. Y que para él ese era un límite infranqueable. Esa charla fue para mí como ver la Matrix. 

No se puede tener una estrategia de desarrollo que dependa críticamente de un tipo ideal de empresario, que como nos enseñó Weber puede ser muy útil en términos metodológicos pero no deja de ser una construcción fantasiosa y deseable. 

"La idea de la necesidad de contar con una burguesía nacional es una forma de reconocer la incapacidad de gestionar una política industrial efectiva y de contar con la legitimidad política necesaria para aplicarla", dije más temprano en twitter antes de decidirme a escribir este post.

En otro gran momento de la entrevista, Acevedo explica porque los empresarios industriales argentinos invierten en el campo. Básicamente, la respuesta a la pregunta de Navarro se sintetiza en "ganan más plata haciendo eso que invirtiendo en sus empresas".

Los Chaebols Koreanos también hubieran invertido en el campo argentino. 


viernes, 10 de julio de 2020

"Cómo me van a cobrar un impuesto por irme a vivir a otro país?"

"Cómo me van a cobrar un impuesto por irme a vivir a otro país?"

Esa pregunta de sentido común repiten los periodistas asustados por los rumores de que el gobierno estaría pensando en cobrar un impuesto "de salida" o exit tax por su nombre en ingles. 
Al respecto podemos leer esta nota donde sólo al final dicen que ningún vocero oficial del gobierno se manifestó sobre el tema. Por eso nunca es un problema para generar rumores que afecten el humor de la clase media argentina. 

De hecho en las redes sociales asociaron esa idea a Hitler y al nazismo.


Entonces se hace necesario repasar cual es la evidencia internacional sobre este tema.

En principio debemos contar que en EEUU se cobra un impuesto cuando se renuncia a la ciudadanía yanqui.