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lunes, 30 de junio de 2008

Comida y discursos

Un señor hindú propone una serie de herramientas para solucionar la crisis global de los alimentos, mientras con mucha diplomacia caracteriza a la Declaración de Roma como "poco ambiciosa".

Entre sus propuestas, destinadas a "líderes audaces" tiene ideas llenas de sentido común para el corto, el mediano y el largo plazo. Enumerándolas son:

En el corto plazo
– Mandar rápido comida barata a los lugares del mundo que más lo necesitan
– Eliminar los requisitos de origen (flor de avivada ésta, ayudás al tercer mundo, pero sólo si te compran a vos).
– Enfriar los mercados de algunos tipos de alimentos, como el arroz (parece ser que en el Japón le dan arroz a los chanchos).

En el mediano plazo
Cambiar, por medio de la acción colectiva, los sistemas de incentivos que enfrenta la agricultura global en dos frentes:

– Conseguir que los agricultores se dediquen a cultivar alimentos. Esto es, que los EEUU y la UE no subsidien más a los biofuels, que ni siquiera tienen efectos beneficiosos comprobados sobre el medio ambiente.

– Revitalizar las negociaciones en la WTO que hasta ahora ha resultado en comportamientos estratégicos en desmedro del bien común. La idea es abandonar el sistema actual que implica restricciones de entrada a los mercados en los buenos tiempos y restricciones a las exportaciones en los malos (¡de esto tendría que haber hablado la Presidenta en la FAO!!). Las restricciones a las exportaciones han hecho aumentar los precios de algunos alimentos hasta un 20%, dice (esto es, además de lo que hubieran aumentado por el aumento de la demanda y todos los otros factores) y además desincentivan a los productores a aumentar su producción.

En el largo plazo
– Prestarle más atención a la agricultura, que en las últimas décadas ha sido tratada con negligencia.
– Dedicar recursos a aumentar la productividad, sobre todo en Africa, que está muy retrasada con respecto a Asia y América Latina.

Mientras tanto en Página 12, una señora/ita argentina dice que la Presidenta dice lo que quiere decir, y no otra cosa. El problema no es ése; el problema es que la presidente dice lo que quiere decir, pero cuando dice lo que quiere decir no dice lo que quiere hacer, o no se anima a hacer lo que dice, o no sabe cómo hacer lo que dice. Lo que se nota mucho en la política agrícola y de alimentos.