El caso es que me quedé un poco inquieta después del post que contenía esa frase tan maravillosa porque no me acordaba de dónde la había sacado, lo que no suele gustarme nada. Cuando me pasa eso hago lo mismo que hago cuando no me acuerdo dónde puse algo: recorrer mentalmente los lugares por los que anduve. Y, así, después de ese recorrido mental, me acordé de la publicación de la OECD sobre la economía de América Latina que reseñamos acá. La frase venía de ahí. Y era de Schumpeter, nomás, tal como nos habían contado otros dos lectores, esta vez de nuestra colección de lectores amables pero anónimos.
Al final, llegué a un artículo de un señor que se llama Mick Moore y luego a otro, y terminé con un artículo del mismo Musgrave. En la búsqueda, descubrí algo fantástico. Una disciplina, a medio camino entre la economía y la sociología, que se llama, nada más y nada menos, Sociología Fiscal. ¿Quién lo hubiera dicho?
Y si éste no es el blog para discurrir sobre la sociología fiscal, no veo cuál tendría que serlo, así que ahí vamos.
Mick Moore presenta a la sociología fiscal de Schumpeter como un paradigma sociológico que pone al lado de otros paradigmas, como los de Marx, Weber y Spencer. Así como Marx explica a la sociedad desde la lucha de clases, Weber desde la religión o la burocracia y Spencer desde la teoría de la evolución, explicaciones que a mí me gustan todas porque soy muy ecléctica, Schumpeter y un poquito antes que él otro austríaco, Rudolf Goldscheid, tienen una explicación fiscal que es lindísima para aplicar a cuestiones como desarrollo y democracia, así que a partir de ahora se convertirá en mi explicación preferida.

Lindahl nos contó en el post anterior cómo apareció el Estado, pero no que desapareció. Un Estado no desaparece si consigue financiarse, así que la gran cuestión es cómo se financia, cómo recauda sus ingresos y cómo los gasta. Es a partir de ahí que se resuelve el problema de cómo se estructura el Estado y cómo se estructura o se maneja el poder.
Para Schumpeter y Goldscheid, la gran transformación histórica de las Europas no se debió a la aparición del capitalismo, como en Marx, ni a la aparición de la burocracia, como en Weber, ni a la aparición de nuevas tecnologías de guerra, como nos cuenta Lindahl, sino a la transformación del Estado de un Estado Señorial, que se financia con los ingresos provenientes de la propiedad de los reyes, los duques y los marqueses, a un Estado Fiscal, que se financia gracias a ingresos regulares provenientes de impuestos sobre el sector y los ingresos privados. Es cierto que se parece bastante a la transición marxista del feudalismo al capitalismo, pero Schumpeter no hace énfasis en el régimen de propiedad, sino en la financiación del Estado.
Según Schumpeter, la sociedad entra en crisis cuando el Estado no se puede financiar y a partir de ahí las consecuencias pueden ser tremendas. Y yo sé que la ilustración más cercana del fenómeno sucedió el 20 de diciembre del 2001 en Buenos Aires y sus aledaños, pero les voy a contar otra, la historia de Christian IV, el rey más popular de la historia danesa.
Christian IV fue rey de Dinamarca y de Noruega entre 1588 y 1648. Su popularidad se debe, entre otras cosas, a que tuvo dos mujeres al mismo tiempo – la reina y otra para la mano izquierda, dice la expresión corriente – montones de amantes y por lo menos 23 hijos conocidos, pero además le quedó tiempo para crear tres o cuatro monopolios mercantiles, fundar unas cuantas ciudades nuevas – todas muy renacentistas y con nombres que empezaban con Christian, entre ellas Oslo – y construir algunos de los edificios más lindos de Copenhague, como la Bolsa. Sin contar con que consiguió meterse de prepo en dos o tres guerras sin hacerle caso al Consejo del Reino, que era el sindicato de los grandes nobles.
Al principio, el Consejo le pagaba para que no se metiera en tantos líos, al fin de cuentas, algunas guerras, sobre todo las que perdés, suelen ser bastante negativas para la economía del país. Pero de todas formas, como no le alcanzaba con lo que le pagaban los nobles, cuenta la historia que una vez terminó en Hamburgo empeñando su corona. Sólo después de haberse fundido en la última guerra contra los suecos, que además perdió, tuvo que firmar un acuerdo con el Consejo prometiendo que a partir de ahí les empezaba a hacer más caso.
Tengo que reconocer que para mí, que llevo casi 20 años pensando que los problemas de Argentina se van a solucionar el día que los argentinos se acostumbren a pagar impuestos, esto de la sociología fiscal es La Verdad Revelada, así que en los próximos días seguirán uno o dos post más al respecto.
La corona empeñada se ve en la foto.