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lunes, 13 de octubre de 2008

Crónica de un Nobel anunciado

Desde hace muchos años, cada vez que llegaba octubre, el nombre de Paul Krugman sonaba entre los candidatos al Premio Nobel de Economía que otorga el Banco Central de Suecia. No faltaban razones para dárselo, en verdad. Krugman se doctoró en MIT en 1977 con apenas 24 años y publicó el artículo seminal de lo que sería su nueva teoría del comercio internacional en el Journal of International Economics en 1979.

Se puede decir que Krugman reinventó la teoría del comercio internacional, levantando los supuestos walrasianos – esto es los supuestos de competencia perfecta, economías constantes a escala e indiferenciación de los productos – que la caracterizaban hasta entonces. Su punto de partida fue la observación que, en los hechos, los flujos del comercio internacional no seguían lo que predecía la teoría vigente hasta el momento, la teoría de las ventajas comparativas desarrollada primero por David Ricardo y más tarde por Heckscher-Ohlin. En ese sentido, se inscribe en la misma línea que otros grandes premiados como Stiglitz, Akerlof y Spence en el 2001 o Hurwicz, Maskin y Myerson el año pasado que levantaron otro de los fuertes supuestos de la economía neoclásica, el de la información perfecta.

La teoría del comercio internacional antes de Krugman era capaz de explicar el comercio inter-industrial, es decir por qué un país exporta carne e importa productos farmacéuticos, pero no explicaba el comercio intra-industrial, o por qué un país exporta e importa teléfonos móviles, computadoras o autos al mismo tiempo, que es lo que pasa en realidad en la mayoría de los países. Ese comercio intra-industrial se explica mejor cuando se introducen rendimientos crecientes, competencia imperfecta y diversidad de gustos de los consumidores. Así, Apple se instala en Irlanda, Microsoft en los EEUU y los consumidores pueden elegir montones de aparatitos distintos. O los franceses pueden elegir comprar autos alemanes o suecos, los alemanes, autos italianos o españoles, los argentinos tomar vino argentino, chileno o uruguayo, los argentinos y los brasileños intercambiar tractores, los suecos y los finlandeses elegir entre Nokia y Sony Ericsson, o lo que sea.

Krugman recibió el premio por "su análisis de los patrones del comercio internacional y la ubicación de la actividad económica", lo que significa que integró la teoría del comercio internacional con la geografía económica. Después de esos aportes a la ciencia que nos ocupa, también contribuyó a la macroeconomía, a la teoría de las finanzas internacionales, a la de las crisis de balanza de pagos, a la explicación de los ciclos económicos y un montón de cosas más, lo que queda ilustrado en la enormidad de artículos y libros publicados en los últimos 30 años.

Pero Krugman no es sólo un brillante teórico, sino además un divulgador excelente al que es un placer leer y releer, ya que escribe de forma clara y accesible para todos los públicos. Además, es un formador de opinión muy comprometido con sus ideas, primero desde sus columnas en el New York Times y desde hace más o menos un año desde su blog en el mismo diario al que llama La Conciencia de un Liberal desde el que critica fuertemente a la administración republicana y que desde que apareció es uno de nuestros blogs de cabecera, no sólo por lo que escribe, sino también, claro, por cómo lo escribe. En ese mismo lugar se puede encontrar a partir de hoy una autobiografía y un artículo sobre su forma de trabajar.

En los últimos años, su nombre había dejado de escucharse entre los de los candidatos con más posibilidades de ganar el premio, posiblemente porque sus grandes aportes fueron hace ya unos cuantos años y porque en el último tiempo se hizo de lo más popular, opinando todo el tiempo y sobre todo. Desde que se desencadenó esta crisis está escribiendo sobre ella a tiempo completo y se supone que fue uno de los pensadores más influyentes en la toma de decisiones de los políticos que están intentando resolverla. Aunque su nombre era una constante en las apuestas, este año resultó un tapado. Anoche yo pensaba que era demasiado poco "fino" como para recibir el Nobel y me sorprendí bastante cuando descubrí no sólo que se lo habían dado a él, sino que además no lo compartía con nadie.

Como además compartimos preferencias políticas y un ideal de sociedad muy parecido, que recibiera el premio esta mañana fue un alegrón que duró todo el día. No hubo economista con el que me cruzara hoy que no estuviera contento, en realidad.

martes, 7 de octubre de 2008

Historia futurista

Gracias a uno de esos blogs buenos pero intermitentes, que se llama La Jactancia de los Intelectuales y está escrito por un joven (¿?) economista amante de la literatura, llegué a este artículo de Fanelli publicado en junio.

Desgraciadamente el artículo está en inglés y vaya uno a saber si existe en su versión castellana, pero empieza por una revisión de la situación económica y de las posibles soluciones, tal como se presentaba la historia a principios de junio: un boom de los precios de los bienes primarios que parecía interminable o, por lo menos, sostenible.

Lo mejor del artículo, sin embargo, está en la parte final. Fanelli concluye que dadas la situación, los problemas del momento y las medidas tomadas hasta ahí, el gobierno estaba haciendo todo al revés, justo lo contrario de lo que se necesitaría hacer, "lo mismo que haría un idiota", dice, o alguien totalmente irracional.

Pero entonces nos dice que, como economista, no puede nomás asumir que la gente actúe irracionalmente, y que como la política económica implementada hasta ahí no puede de ninguna manera verse como una política racional que maximice el impacto del, hoy ya histórico, shock positivo sobre el desarrollo, la mejor forma de volver a la racionalidad es asumir que ése no es el verdadero objetivo del gobierno. Y se le ocurre un objetivo que parece ser coherente con la situación: que el gobierno esté usando la mejora en los términos de intercambio para maximizar su propio poder político, algo a lo que Lindahl ya hizo referencia en alguna que otra ocasión.

(Lindahl, yo sé que hay ocasiones mejores que las que linkeé, pero ayúdeme a encontrarlas, este blog se está convirtiendo en un arcón sin fondo).

Fanelli sigue, diciendo que en épocas de shocks se crea y se destruye riqueza y se crean y se destruyen derechos de propiedad. Llegar a un nuevo consenso con respecto a la distribución de esa riqueza y a la nueva estructura de esos derechos de propiedad, y donde además se maximice el bienestar y no se pongan en peligro los incentivos económicos necesarios para el desarrollo del país depende del equilibrio entre los actores políticos y también de la calidad de las instituciones. El problema, entonces, es político y la conclusión es maravillosa: cuanto menores sean la ambición y la codicia políticas, mayor es la probabilidad de que todos se beneficien.

Hoy ya no sabemos si esa gran oportunidad de crecer de la que hablaba Fanelli sigue en pie, pero la conclusión sigue siendo igual o quizás hasta aún más válida, cuanto menor sea la codicia política, mayor será la probabilidad de que los que más lo necesitan no sean los que más pierdan.

sábado, 23 de agosto de 2008

Era Schumpeter, nomás

Ya que Lindahl se dedica a la historia y Musgrave sigue sin aparecer, yo también voy a escribir un poco sobre lo mismo, aún corriendo el riesgo de dormir a nuestros amables lectores.

El caso es que me quedé un poco inquieta después del post que contenía esa frase tan maravillosa porque no me acordaba de dónde la había sacado, lo que no suele gustarme nada. Cuando me pasa eso hago lo mismo que hago cuando no me acuerdo dónde puse algo: recorrer mentalmente los lugares por los que anduve. Y, así, después de ese recorrido mental, me acordé de la publicación de la OECD sobre la economía de América Latina que reseñamos acá. La frase venía de ahí. Y era de Schumpeter, nomás, tal como nos habían contado otros dos lectores, esta vez de nuestra colección de lectores amables pero anónimos.

Al final, llegué a un artículo de un señor que se llama Mick Moore y luego a otro, y terminé con un artículo del mismo Musgrave. En la búsqueda, descubrí algo fantástico. Una disciplina, a medio camino entre la economía y la sociología, que se llama, nada más y nada menos, Sociología Fiscal. ¿Quién lo hubiera dicho?

Y si éste no es el blog para discurrir sobre la sociología fiscal, no veo cuál tendría que serlo, así que ahí vamos.

Mick Moore presenta a la sociología fiscal de Schumpeter como un paradigma sociológico que pone al lado de otros paradigmas, como los de Marx, Weber y Spencer. Así como Marx explica a la sociedad desde la lucha de clases, Weber desde la religión o la burocracia y Spencer desde la teoría de la evolución, explicaciones que a mí me gustan todas porque soy muy ecléctica, Schumpeter y un poquito antes que él otro austríaco, Rudolf Goldscheid, tienen una explicación fiscal que es lindísima para aplicar a cuestiones como desarrollo y democracia, así que a partir de ahora se convertirá en mi explicación preferida.


Lindahl nos contó en el post anterior cómo apareció el Estado, pero no que desapareció. Un Estado no desaparece si consigue financiarse, así que la gran cuestión es cómo se financia, cómo recauda sus ingresos y cómo los gasta. Es a partir de ahí que se resuelve el problema de cómo se estructura el Estado y cómo se estructura o se maneja el poder.

Para Schumpeter y Goldscheid, la gran transformación histórica de las Europas no se debió a la aparición del capitalismo, como en Marx, ni a la aparición de la burocracia, como en Weber, ni a la aparición de nuevas tecnologías de guerra, como nos cuenta Lindahl, sino a la transformación del Estado de un Estado Señorial, que se financia con los ingresos provenientes de la propiedad de los reyes, los duques y los marqueses, a un Estado Fiscal, que se financia gracias a ingresos regulares provenientes de impuestos sobre el sector y los ingresos privados. Es cierto que se parece bastante a la transición marxista del feudalismo al capitalismo, pero Schumpeter no hace énfasis en el régimen de propiedad, sino en la financiación del Estado.

Según Schumpeter, la sociedad entra en crisis cuando el Estado no se puede financiar y a partir de ahí las consecuencias pueden ser tremendas. Y yo sé que la ilustración más cercana del fenómeno sucedió el 20 de diciembre del 2001 en Buenos Aires y sus aledaños, pero les voy a contar otra, la historia de Christian IV, el rey más popular de la historia danesa.

Christian IV fue rey de Dinamarca y de Noruega entre 1588 y 1648. Su popularidad se debe, entre otras cosas, a que tuvo dos mujeres al mismo tiempo – la reina y otra para la mano izquierda, dice la expresión corriente – montones de amantes y por lo menos 23 hijos conocidos, pero además le quedó tiempo para crear tres o cuatro monopolios mercantiles, fundar unas cuantas ciudades nuevas – todas muy renacentistas y con nombres que empezaban con Christian, entre ellas Oslo – y construir algunos de los edificios más lindos de Copenhague, como la Bolsa. Sin contar con que consiguió meterse de prepo en dos o tres guerras sin hacerle caso al Consejo del Reino, que era el sindicato de los grandes nobles.

Al principio, el Consejo le pagaba para que no se metiera en tantos líos, al fin de cuentas, algunas guerras, sobre todo las que perdés, suelen ser bastante negativas para la economía del país. Pero de todas formas, como no le alcanzaba con lo que le pagaban los nobles, cuenta la historia que una vez terminó en Hamburgo empeñando su corona. Sólo después de haberse fundido en la última guerra contra los suecos, que además perdió, tuvo que firmar un acuerdo con el Consejo prometiendo que a partir de ahí les empezaba a hacer más caso.

Tengo que reconocer que para mí, que llevo casi 20 años pensando que los problemas de Argentina se van a solucionar el día que los argentinos se acostumbren a pagar impuestos, esto de la sociología fiscal es La Verdad Revelada, así que en los próximos días seguirán uno o dos post más al respecto.

La corona empeñada se ve en la foto.

jueves, 14 de agosto de 2008

Doble recomendación

Hoy, en Clarín, Roberto Gargarella escribe sobre un libro y un autor que no me cansaré nunca de recomendar. Posiblemente de ese sabio hindú nacido en Bengala venga más de la mitad de mi ideología. Ojalá lo leyeran los que gobiernan Argentina, para que descubran que el verdadero desarrollo es libertad y justicia social así, al mismo tiempo, y sin tener que elegir a una sobre la otra o a una antes que la otra. Y que no hace falta crecer como desaforados al 9% anual para que los pobres tengan sus derechos. Que el crecimiento sostenible y en democracia es lo que crea una sociedad desarrollada y justa en el largo plazo.

(Y tengo Internet de vuelta en casa).

viernes, 18 de julio de 2008

Aviso para extrañados

Musgrave es otro señor. Se llama Richard Musgrave, nació en Alemania y se educó en Alemania y en Harvard. Es a las Finanzas Públicas lo que Samuelson a la economía neoclásica. Un maestro, Musgrave. Por estos días, sospechamos que Cristina lo tiene encantado con sus cantos de sirena y anda desaparecido. Lo tendríamos que haber atado al mástil.

Vuelva, Musgrave, que lo extrañamos.

Aviso para confundidos

Lindahl es un señor. Se llama Erik Lindahl, viene de la Escuela de Estocolmo y en sus años mozos solía asesorar al gobierno sueco y al Riksbanken. También escribió sobre bienes públicos y problemas de free-riding. Es un lujo compartir blog con él.

jueves, 17 de abril de 2008

Que haya ido

El gran Dani está en la Argentina y, además de dar una conferencia en algún lado, acaba de publicar un artículo en su blog sobre nuestro paisito.

Y confirma lo dicho por aquí. Sí señores, Argentina tiene una oportunidad única y maravillosa para desarrollarse y el gobierno está por tirarla por la borda. Entre los errores que enumera Rodrik algunos son despropósitos políticos como el autoritarismo y la mala relación con los empresarios. Pero otros son despropósitos económicos, como los controles de precios, la inflación que se esconde con estadísticas mentirosas, los impuestos a las exportaciones y la intervención en los mercados cambiarios (!? ¿qué quiso decir con esto?).

Nada imposible de corregir, según Dani. Más disciplina fiscal, llevarse mejor con la gente y a seguir creciendo contentos. Y entonces, el cuento ése de la liebre y la tortuga será sólo eso, un cuento.

Ojalá la presi lo haya ido a ver a Dani Rodrik. O si no, que se lo hayan contado. Porque si algún día Turquía, haciéndole caso a su economista más famoso, se convierte en un país desarrollado y la Argentina no, sabremos en qué momento se perdió el tren.

(Eh, y que se acuerde que el derrame no le llega a los más pobres. Ahí el crecimiento solo no alcanza).

lunes, 4 de febrero de 2008

Antes pensamiento único, ahora una sola economía

Como Ana C. me insistió tanto que deje de postear sobre la crisis en USA, estaba buscando temas interesantes y por suerte llegó el domingo. No puedo con mi genio asi que vean la opinión de este economista super heterodoxo, intervencionista y anticapitalita sobre el origen de dicha crisis "...Y, por otro lado, una falta de regulación total, creer que el laissez faire del sistema financiero es lo que debe haber…"

Pero mejor paso al tema de este post. En el iEco de ayer salió una interesante nota a Thomas I. Palley, que como ya estamos acostumbrados todavía no está online pero google nos la trae publicada por un diario de Nicaragua.

El tipo tiene un lindo blog y parece que es muy bueno, pero la verdad yo no entendí su punto. Sobre el debate que él plantea ya estuvimos opinando acá, y el amigo Lindahl lo hizo aqui.

En su blog Palley usa como herramienta de análisis la misma economía única que critica, entonces...

En algo estoy de acuerdo con él, Friedman, Stigler, Stiglitz, Krugman y Rodrick tiene algo en común, todos son pro-capitalismo. Pero entonces la línea divisoria sería capitalistas-anti capitalistas?

En fin, la verdad que lo de T.P. es sólo una excusa para volver a traer un debate que siempre parece estar presente y dando vueltas.

Ustedes que opinan? economía única?, Stiglitz = Friedman?

miércoles, 30 de enero de 2008

Un italiano en Argentina

Acabo de terminar de leer el libro de Vito Tanzi sobre Argentina, que lleva en inglés un nombre medio deprimente: Argentina: An Economic Chronicle. How One of the Richest Countries in the World Lost Its Wealth. Tenía ganas de leerlo desde que en noviembre una amiga mía me contó que se había publicado. Cuando hace unas semanas Musgrave linkeó hacia una entrevista que le hizo La Nación a Tanzi en el 2000, terminó de darme el último empujoncito. Pensé que iba a tardar más en leerlo, pero el libro es muy ameno, interesante e instructivo y además se lee muy fácil, así que lo terminé bastante rápido.

Tanzi hace tres cosas en su libro. Un análisis económico, un análisis político y una descripción de la Argentina y su relación con ella. El análisis económico es realmente bueno y está escrito en una prosa que pocas veces se lee en economía. El político, sin embargo, no me gustó demasiado, aunque en parte puede ser porque no estaba demasiado de acuerdo con él o porque me sorprendieron un poco algunas de sus opiniones. La parte referida a la Argentina, aunque no convence desde el punto de vista literario, ya que en partes parece sacada de una guía de turismo y está llena de clichés, es muy conmovedora y no deja de tener su atractivo. Se nota que ha tenido una relación especial con la Argentina y que por eso le dedicó este libro.

El caso es que Tanzi trabajó casi 30 años para el FMI, siempre en cuestiones tributarias y fiscales, y desde muy temprano tuvo algo que ver con la Argentina. Ya desde fines de los '60 andaba Don Vito dando vueltas por Buenos Aires en misiones del FMI intentando mejorarle las cuentas al Estado Argentino. Una labor más difícil, parece, que los trabajos de Hércules.

Tanzi cuenta desde un puesto privilegiado, a mitad de camino entre el actor y el espectador, cómo se fueron decidiendo muchas de las políticas que le cambiaron la vida para bien y para mal a millones de argentinos en los últimos 40 años. Y aunque mucho de lo que cuenta debe ser vox populi, también hay detalles de lo que pasaba entre bambalinas que deben ser desconocidos. Por lo menos lo eran para mí, que en unas cuantas ocasiones a lo largo de mi lectura me encontré a mí misma aprendiendo cosas que no sabía.

La tesis de Tanzi, que presenta en un capítulo que lleva el provocativo nombre de "Perón o la creación del déficit fiscal permanente", es que la política fiscal argentina está construida desde los cimientos de una manera tal que siempre va a estar en desequilibrio. Que hay, como dice él, un desequilibrio fiscal dinámico causado por el hecho que los argentinos le demandan al Estado un rol más amplio del que están dispuestos a financiar. Una incongruencia que, si tengo que ser sincera, es una de las razones por las que yo empecé a escribir en este blog. Tal desequilibrio implica que la norma sea tener déficit fiscales permanentes de los que sólo se puede salir haciendo esfuerzos extraordinarios para recortar el gasto o para aumentar los impuestos.

Esos esfuerzos extraordinarios en los dos sentidos no son sostenibles más allá del corto plazo, o porque requieren un esfuerzo recaudatorio basado en impuestos poco eficientes o sólo de alcance temporal, o porque los recortes en el gasto implican dejar de lado gastos indispensables que terminan dejando al sector público en una situación de hambruna permanente y sin demasiadas posibilidades de cumplir eficientemente con el rol que se le asigna y se le exige.

Además, Tanzi resalta en varias ocasiones la inclinación de los argentinos a confiar en supuestas "recetas mágicas" y a lo largo de su libro da varios ejemplos de la búsqueda de la piedra filosofal fiscal llevada a cabo por los distintos habitantes de Hipólito Yrigoyen 250. A mí me sorprendió especialmente leer sobre las ideas raras que tenía Cavallo al respecto.

Otros dos detalles son interesantes, desde el punto de vista histórico. Uno es una especie de racconto sobre cómo fueron evolucionando modas e ideas en el campo fiscal y tributario desde los '60 hasta ahora, lo que cambió, lo que quedó igual y lo que primero cambió y después volvió a ser como antes. El otro, todo el capítulo dedicado a la historia del "efecto Tanzi", al que llama nada más que por su nombre, aunque dice que a los argentinos nos gusta llamarlo "Olivera-Tanzi", lo que es cierto. Ese efecto es para muchos economistas argentinos como el dulce de leche, la birome y el colectivo.

En cuanto a la relación especial con Argentina, creo que viene del hecho de que Tanzi se ve a sí mismo como el inmigrante que pudo ser y no fue y se identifica de alguna forma con los argentinos descendientes de italianos. Es llamativo que la mayoría de los economistas a los que nombra en el libro lleven todos apellidos de ese origen. Eso también hace que sea bastante compasiva y convincente su defensa de los bonistas italianos, a los que presenta como gente que todavía creía en las posibilidades de una Argentina que había sido refugio para muchos.

En resumen, un libro muy leíble y al que dan muchas ganas de recomendar. Aunque uno no esté del todo de acuerdo con Tanzi –por ejemplo, yo estoy más de acuerdo con Stiglitz que con él sobre la mejor solución a la crisis del 2001–, se aprende mucho. Y que una de las autoridades máximas del mundo en materia tributaria le haya dedicado un libro a la Argentina es todo un lujo que hay que aprovechar.

martes, 18 de diciembre de 2007

Chile por Arriazu


Leyeron la columna de Arriazu del Clarín del domingo?. Yo no la había leído pero un comentario de MEC me hizo volver sobre mis pasos.

Les dejo varias frases.

"Desde su retorno a la democracia, el volumen de su producción total de bienes y servicios (PIB real) creció un 164%, lo que implica una tasa anual promedio de crecimiento del 5,6%"

"En este período los beneficios del crecimiento llegaron a casi todos los sectores, lo que permitió mejorar marginalmente la distribución del ingreso. En 1990 el 57% de los hogares recibía apenas el 20% del ingreso total del país, porcentaje que se redujo al 54% en 2006, mientras que el ingreso promedio mensual de los hogares en este segmento se incrementó de 96 a 242 dólares (152%)"


"...Los sectores más pobres se quejan también por la acumulación de estos fondos "ociosos", en lugar de destinarlos a solucionar sus carencias. El éxito de largo plazo de esta política se basa en la capacidad de las autoridades para convencer a estos sectores que el suavizar los ciclos es en su propio beneficio y que los supuestos beneficios de flexibilizar estas políticas pueden ser muy dañinos para ellos en el largo plazo."


Parecería que los hermanos chilenos deberán seguir esperando, no?


p.d. no se olviden que hoy tienen que venir acá.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Y allá afuera que esta pasando

Ayer tomaba un café con un viejo compañero economista y me decía "che tendríamos que estar viendo que puede pasar en EE.UU", yo le respondí "Alberto, hoy gracias a internet eso es muy fácil de hacer, no como hace 20 o 30 años atrás".


Así que llegado a casa, me acordé que "mejor que decir es hacer" y me pusé manos a la obra.


El último domingo Arriazu nos daba esta clase magistral,


"La evolución de la cotización del dólar no forma parte de los objetivos primarios de la Reserva Federal, pero la reciente estrepitosa depreciación del dólar está agregando un nuevo motivo de preocupación a la ya difícil tarea de Ben Bernanke. En su último testimonio ante el Comité Económico Conjunto del Congreso, Bernanke expresó claramente su preocupación por la debilidad del dólar al señalar que ésta, sumada a la suba de los precios de las materias primas (explicada en gran parte por la debilidad del dólar), puede afectar los niveles de inflación en el corto plazo y modificar las expectativas inflacionarias.Sin embargo es poco lo que puede hacer la Reserva Federal en forma unilateral para impedir la caída del dólar puesto que no cuenta con reservas internacionales para defenderlo y una suba de las tasas de interés se ve dificultada por las turbulencias que dominan los mercados financieros y por las perspectivas de un debilitamiento económico."


"Un cambio masivo de portafolios que lleve a una drástica depreciación del dólar puede ser catastrófico para la economía mundial. Si los países con saldos externos favorables se niegan a continuar financiando a los Estados Unidos, este país se vería obligado a reducir su gasto drásticamente, lo que podría llevar a una disrupción del comercio internacional. Personalmente dudo que se llegue a este extremo. Confío en que Europa y los Estados Unidos llegarán a un acuerdo para revertir la reciente tendencia y para devolver la tranquilidad a los tenedores de dólares. Este acuerdo debería contemplar la reducción de los desequilibrios en los Estados Unidos y acciones en Europa destinadas a fortalecer el dólar."


¿Cuál sería la letra chica de este acuerdo? ¿A meses de las elecciones presidenciales, EE.UU. implementaría una política fiscal contractiva que ayude a achicar los deficits gemelos?


Por su parte el gran Joseph Stiglitz no pierde la oportunidad de cobrarse algunas cuentas pendientes y en iEco pudimos leer esta interesante nota que pude rastrear en otro diario latinoamericano para compartirla con ustedes.


"El contraste entre el consejo del FMI y el Tesoro de EE.UU. al Este Asiático y lo que ocurrió en la actual debacle de las hipotecas “basura” es evidente. A los países del Este Asiático se les dijo que elevaran sus tipos de interés, en algunos casos al 25%, 40% o más, generando una seguidilla de cesaciones de pagos. En la crisis actual, la Reserva Federal de E.U. y el Banco Central Europeo recortaron los tipos de interés."


Y ayer tuve en mis manos la santa biblia de los economistas, ¿porque será que cuando nos graduamos a todos nosotros nos agarra una compulsión por leer The Economist?


La nota de tapa es ésta.


Asi comienza...


"IN 1929, days after the stockmarket crash, the Harvard Economic Society reassured its subscribers: “A severe depression is outside the range of probability”. In a survey in March 2001, 95% of American economists said there would not be a recession, even though one had already started. Today, most economists do not forecast a recession in America, but the profession's pitiful forecasting record offers little comfort. Our latest assessment (see article) suggests that the United States may well be heading for recession."


Y así termina...


"The vigour of emerging economies is good news for the world economy: for its growth, it has much less need of a strong America. The bad news for America is that this, in turn, may mean that the world also has less need of the dollar".


¿Y como nos afecta todo esto?


El Golden Boy nos decía esto el lunes


"Los países emergentes miran la crisis desde la tribuna" El titular del Central se refirió así a que los países en vías de desarrollo se encuentran más preparados para las turbulencias financieras internacionales.


Dice la bajada del título.


Pero la frutilla del postre viene en esta otra nota del The Economist. Miren este cuadro, a mí estos ránkings no me gustan. Pero parecen que las cosas no se hicieron tan mal por estas pampas.


martes, 6 de noviembre de 2007

Sueños de estabilidad

De pura casualidad y sin saber que estaba por aparecer entre nuestros lectores un admirador suyo, hace poco estuve leyendo este artículo de Leijonhufvud, una Lectio Magistralis que dio en la Universidad de Trento el 1 de octubre de este año.

En su clase magistral aplica sus talentos de macroeconomista y sus conocimientos de teoría monetaria a la última crisis financiera que conocimos y nos cuenta que en la historia del desarrollo de las instituciones y mercados financieros siempre ha habido un período de prueba y error más o menos largo después de una innovación tecnológica. En esos períodos, mientras se aprende a regular y estabilizar el nuevo sistema, se suelen cometer errores bastante apreciables con enormes pérdidas de bienestar. Leijonhufvud pone entre los ejemplos de errores de este tipo a la crisis argentina del 2001, aunque se equivoca de año y dice que fue en el 2003.

Si bien nos podríamos preguntar cuáles son las alternativas, ya que sin innovaciones financieras o de las otras tampoco habría mejoras en el bienestar, también tenemos que reconocer que a los economistas, mal que nos pese, nos cuesta bastante evaluar exactamente si las pérdidas causadas por los errores de aprendizaje en un nuevo paradigma financiero son mayores o menores a los costos de oportunidad en un contexto en que se disminuye el riesgo gracias a la regulación, pero donde no se explotan los beneficios de las nuevas tecnologías financieras.

En todo caso, en los últimos años han aparecido un sinnúmero de nuevos instrumentos financieros que supuestamente permiten diversificar riesgos y abaratar costos. Pero que también hacen muchísimo más difícil hacer política monetaria en el sentido tradicional, es decir controlando los agregados monetarios. Es por eso que la política de control de la inflación en casi toda Europa se hace siguiendo la estrategia de metas de inflación.

¿Cuál es la idea detrás de esto? Los bancos centrales se fijan una meta de inflación que en el caso del BCE es debajo del 2% pero cerca -tampoco es cuestión de andar coqueteando con la deflación- y entonces ponen todo su equipo de analistas económicos a monitorear lo que pasa en los mercados y ver cuáles son las tendencias subyacentes.

Así, por ejemplo, se dice que la política monetaria del BCE descansa en dos pilares: el análisis económico, que estudia la dinámica de la economía y los posibles efectos de los shocks en los mercados de bienes, servicios y factores, y el análisis monetario, que va siguiendo el comportamiento de los agregados monetarios y de todas las variables financieras para identificar desequilibrios o burbujas en los mercados financieros o en los precios de los activos. Los dos pilares sirven para evaluar si la estabilidad de precios en el medio y largo plazo corre algún riesgo.

Según Leijonhufvud, la evolución financiera de los últimos años lleva a la economía a parecerse más a una economía de crédito puro, de tipo wickselliano dice él, donde la oferta de dinero la determina la demanda. Esa economía se opone a una de tipo ricardiano, donde los bancos centrales monopolizan la emisión monetaria e imponen exigencias de reservas controlando los agregados monetarios a través de la oferta.

En esa economía wickselliana, el stock de dinero y el nivel de precios quedan indeterminados y por eso no se puede hacer política monetaria en el sentido tradicional, aunque el Banco Central todavía tiene un instrumento para manejar la dirección del cambio en el nivel de precios: la tasa de interés.

Por eso el principal instrumento de política monetaria cuando uno sigue una estrategia de metas de inflación, pero no el único, es la tasa de interés. Si el Banco estima que hay presiones inflacionarias, sube la tasa de descuento y la baja cuando estas presiones desaparecen. El problema es que estabilizar los precios, sin embargo, será posible si y sólo si el Banco consigue acertar la tasa correcta, la tasa de interés "natural", difícil según él porque nadie la conoce exactamente, lo que suele pasar con estas tasas naturales.

El banquero central, entonces, ensaya. Si pone la tasa demasiado alta, la economía se enfría demasiado, si la pone demasiado baja, los precios se disparan. Después de un tiempito de probar y equivocarse, al final acertaría. Si no fuera por un leve detalle: las señales se hacen un poco más confusas cuando el resto de los bancos centrales del mundo mantiene sus reservas en tu propia moneda. En consecuencia, la inflación o falta de ella no demuestra demasiado sobre el estado de la economía y mientras tanto se pueden estar creando bombas por el lado de la estabilidad financiera. Y el segundo pilar se hace indispensable.

A mí, después de esto, sólo me queda decir "sólo sé que nada sé". Y esperar que con todo lo que costó la crisis argentina del 2001 por lo menos haya servido para que los sistemas financieros y los economistas aprendan a evitarlas.

jueves, 26 de abril de 2007

Prebisch: el gran economista.... gorila?

Ayer Jorge Lanata nos contaba de una nueva edición de esta gran polémica. Para mi generación de economistas UBA, Prebisch fue siempre como la gran vaca sagrada de la profesión. Ya más grandecito, conversando con algunos cumpas, tomé nota de la histórica polémica entre Jauretche y Prebisch y el consiguiente rótulo de mala palabra dentro del Movimiento que le cabía al economista cepalino.
Esta situación es para mí una gran paradoja. No debe haber desarrollo teórico producido por un economista argentino más importante que las ideas estructuralistas de Prebisch, ver acá, y además en mi opinión dan sustento a políticas económicas impulsadas por el General y por Néstor.
Además, como es conocido, uno de los discípulos de RP, Aldo Ferrer es algo así como el economista fetiche del momento.
Recuerdo que hace un tiempo algunos amigos de la blogsfera tocaron este tema, pero no logré encontar los post correspondientes. Me encantaría saber la opinión de Manolo y Artemio al respecto.