Elemaco hizo sus reflexiones sobre la educación universitaria y caracterizó a los estudiantes crónicos o vagos -los calientasillas- como free-riders, lo que a mí no me parece sea el caso. Un free-rider no es un calientasillas, sino un vividor. Podemos hablar de free-rider en el caso de que un colectivo se organice para prestarse un servicio mutuamente con la condición de que todos contribuyan en algo a financiar lo que cuesta producir ese servicio, pero alguno se aprovecha del esfuerzo colectivo sin participar en lo que cuesta. En este caso el estudiante vago sería un free-rider si y sólo si todos contribuyeran a la financiación de la educación universitaria y casi todos pagaran pero algunos no, lo que no sólo no es el caso, sino que tampoco es demasiado plausible.
Los que evaden impuestos son free-riders, los que mandan todo el tiempo a los amigos a buscar las fotocopias, los que usan los apuntes de los demás pero nunca se molestan en tomarlos y prestarlos, los que se prenden a todos los asados pero nunca ayudan a hacerlo, los que nunca pagan los cafés, las que te usan los perfumes, la ropa, te piden prestados los discos y no te los devuelven, vienen a dormir a tu casa y ni siquiera se molestan en hacer la cama.
Para mí, el caso del estudiante vago que ocupa un lugar en la universidad es un caso de selección adversa, un típico caso de información asimétrica. En este caso, cada estudiante tiene información –que no se conoce cuando empieza a estudiar– sobre la clase de estudiante que es, pero la universidad no lo sabe. Cuando el ingreso es irrestricto, no hay forma de descubrir si una vez adentro va a estudiar o a perder el tiempo. Es un caso semejante al del modelo de Spence de educación y mercado de trabajo, en el que el empleador no sabe si su futuro empleado es trabajador o se pasa el día leyendo blogs, o al de la compañía de seguros que no sabe si su futuro asegurado es una señora como yo que jamás (!!) sobrepasa los límites de velocidad o un señor que maneja a 200 km/hora por la ruta 2.
Así como el diploma sirve para darle una señal al empleador sobre la productividad del empleado y el tipo de prima de seguro que compra el automovilista revela a la compañía de seguros qué clase de automovilista es, el examen de ingreso o el promedio de la secundaria o lo que sea, descubren de antemano, antes de que se gasten demasiado tiempo,esfuerzo y plata en su formación, si el estudiante es lo suficientemente inteligente y estudioso para terminar sus estudios universitarios o nada más que un calientasillas que desperdiciará los escasísimos recursos del pobre Estado argentino.
Este tipo de situación se llama de selección adversa porque si no se introduce un criterio de selección, se termina en una solución subóptima sesgada hacia la baja calidad. En el caso que nos ocupa es bastante probable que los mejores estudiantes abandonen la universidad pública con ingreso irrestricto para elegir universidades un poco más elitistas.