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lunes, 26 de noviembre de 2007

Apología de la profesionalización de la política

Una crítica que suelo leer por ahi a los politicos, es acusarlos de ser profesionales de la política. Ayer mientras paseaba a Ariel me puse a pensar en ello y me dije "no será otra muestra de la poderosa colonización cultural del pensamiento económico neoclásico?" (único).

Lo más divertido es que muchos de los que suelen emitir críticas de este estilo son a la vez quienes en cuanto a sus ideas económicas se reconocen en la vereda de enfrente de lo que llamamos el neoliberalismo.

Roberto Bisang, un gran profesor de Economía Industrial, comenzaba sus clases parodiando la teoría microeconómica haciendonos ver a aquellos desprevenidos que el objeto base de estudio de su materia, la empresa, no tenía rol alguno en dicha teoría. El paso siguiente era presentarnos a la "Caja Negra" ente a través del cual los insumos se convertían en productos.

A partir de allí conceptos claves como learning by doing y path dependence eran claves para entender como funcionaban las cosas en el mundo donde el supuesto de información perfecta, crítico para la competencia perfecta, no se sostenía.

Hace un par días sosteníamos que la gestión de la cosa pública tiene sus saberes específicos, tanto por sus aspectos técnicos y jurídicos como por las leyes no escritas que dominan la política y el poder. Y citabamos la frase de Kircher "sabés lo que cuesta formar un ministro".

Suponer que un buen profesor de finanzas públicas o un gran médico pediatra pueden transformarse de un día para el otro en un buenos funcionarios es creer que la realidad se explica a la perfección con la parabola de la Mano Invisible del gran Adam Smith.

Puede no ser políticamente correcto plantearlo pero yo creo que la profesionalización de la política es más una virtud que un defecto. ¿Quién se atrevería a criticar a un plomero diciendole "sos todo un profesional de la plomería"?.

martes, 23 de octubre de 2007

Harry Potter querrá ser nuestro futuro Secretario de Hacienda?

Alguna vez seguramente ya lo habré dicho, no importa tanto va el cantaro a la fuente que al final la rompe. Entre los tributaristas argentinos existe un alto nivel de consenso, no tan común en otros campos de la profesión, en torno a la idea que nuestro sistema tributario es bastante similar a aquel que podríamos llamar el sistema tributario óptimo. O si lo quieren en otros términos, desde el punto de vista del diseño nuestro sistema es bastante parecido al de los países desarrollados.

Sin embargo, existe fuera de este grupo, otro consenso generalizado. Aquel que reza que los problemas económicos argentinos se solucionarán, en parte, cuando por fin Argentina encare una seria reforma tributaria. Por ejemplo en los comments de este excelente post de Artemio, ésta idea vuelve a surgir. De hecho estas lineas se escriben al instante siguiente a terminar su lectura.

Entre las muchas cosas que aprendí desde que posteo por acá, una de las que más recuerdo es aquel comments de alguno de nuestros amigos bolseros que me dijo algo así como "Musgrave deje de soñar con la piedra filosofal de gravar la renta financiera, si mira el volumen transado en en la BCBA, verá que no da para ilusionarse mucho".

Entre toda la información que forma parte del proyecto de presupuesto hay unos cuatro cuadritos que dan una pista acerca de si la piedra filosofal existe o no. Son los cuadros de la estimación de gastos tributarios. Para los no entendidos, aclaro que gastos tributarios se llama a aquellos dineros que el fisco deja de recaudar debido a exenciones, privilegios o promociones económicas vigentes en las leyes impositivas.





Sé que tanto cuadrito es un poco antiestético pero que va a ser, no tengo ganas de armar algo más lindo.

Si mirán bien los cuadros verán que el total de recursos que el Estado deja de recaudar por exenciones, privilegios, etc, alcanza casi los 20.000 millones de pesos que parece una suma muy importante pero en términos del PIB es sólo 2.21%.

Claro que si miran el segundo cuadrito verán en las exenciones del impuesto a las ganancias, el punto 4, el que corresponde a nuestra piedra filosofal, reza el nunca bien ponderado "Sin Datos".

Los tributaristas también tienen otro gran consenso, aquel que reza que el problema no esta en el diseño de nuestro sistema tributario sino en la evasión. Este otro consenso tambien es compartido por los no tributaristas.

Por otro lado hace un par de meses Lindhal nos ilustraba acerca de las razones por las cuales tendríamos que tener paciencia para tener un Estado de Bienestar en Argentina.

Con Lindhal, nuestra primera coincidencia fue sobre el 2do. Teorema del Bienestar, cuando él no era Lindhal.

Leyendo los comments al post de Artemio, me dí cuenta que quizas L y M estemos equivocados. Un comentario decía que la solución pasaba por focalizarse en la distribución secundaria y no en la primaria. El verdadero Musgrave solía repetir que la intervención del Estado en la Economía no debía estar sólo regida por criterios parettianos. Y claro que tenía razón, en lugar de tratar de convencer a Harry Potter para que sea nuestro futuro Secretario de Hacienda, CFK debería estar pensando en fortalecer a una de las cenicientas del MECON, la CNDC y devolverle al Ministerio de Trabajo la perdida función de control de polícia sobre el trabajo en negro.

Ya hace tiempo lo cité a Javier Lindemboin, el Estado debe intervenir en la relación de fuerzas que determina la distribución primaria, con el 2do. Teorema del Bienestar no nos va alcanzar.

Y aunque me repita y parezca que ya me llegó de visita el alemán, voy a volver a citar a A. Smith, porque hay algunos que se olvidaron de sus enseñanzas.

"People of the same trade seldom meet together, even for merriment and diversion, but the conversation ends in a conspiracy against the public, or in some contrivance to raise prices. It is impossible indeed to prevent such meetings, by any law which either could be executed, or would be consistent with liberty and justice. But though the law cannot hinder people of the same trade from sometimes assembling together, it ought to do nothing to facilitate such assemblies; much less to render them necessary."