Nuestro estimado lector Guillermo nos suele enviar desde Londres recomendaciones de lecturas. Casi siempre son artículos muy interesantes de The Guardian, un diario un poco de izquierda leído por gente que vota Labour y Liberal Democrat, dos partidos que entre él y El loro de John Silver seguramente nos van a ubicar en el espacio.
Pues bien, el artículo que me manda hoy es un comentario sobre un libro que se llama The Spirit Level: Why More Equal Societies Almost Always Do Better (o Por Qué A Las Sociedades Más Equitativas Casi Siempre Les Va Mejor), escrito por dos profesores ingleses que se dedican a temas de inequidad, entre otras cosas. Y aunque todavía no lo leí, tiene tan, pero tan buena pinta que lo empiezo a recomendar aún antes de leerlo.
En el libro, los autores sostienen que todos los problemas sociales en los países desarrollados – la esperanza de vida baja, la mortalidad infantil, las drogas, el crimen, las tasas de homicidio (¡la inseguridad!), las enfermedades mentales y hasta la obesidad – tienen un sola y única raíz: la inequidad.
Lo mejor de todo es que dicen algo que venimos diciendo desde siempre en este blog. La inequidad económica y social y los problemas que conlleva no son sólo un problema de los pobres y de los menos privilegiados, sino que son un problema de toda la sociedad. De los pobres, los ricos y los de clase media. Una sociedad polarizada es fea para todos. Para los pobres, porque sufren los problemas en la primera línea de fuego y también para los ricos, que las sufren no sólo como externalidades negativas, sino también bastante directamente.
La esperanza de vida, por ejemplo, es más baja en las sociedades inequitativas que en las equitativas. Y es más baja tanto para el señor del primer decil como para el del último. Un rico, rico vive menos en Estados Unidos que en Suecia, pese a que el gasto en salud sueco es un poco más que la mitad del norteamericano. La mortalidad infantil, la obesidad, la tasa de embarazos adolescentes, la locura o la tasa de homicidios también son más altas en el Reino Unido y los Estados Unidos que en Japón, Suecia, Noruega o Dinamarca.
Y la inequidad como factor explicativo de todas estas calamidades resulta ser una variable bastante robusta. Cuando el modelo se aplica a los estados norteamericanos – algo que se hizo para descartar el factor cultural – los resultados son similares. También lo controlaron por otras variables: religión, multiculturalismo y otro montón de cosas que se les ocurrieron pero que habrá que leer el libro para enterarse. El resultado daba siempre igual. La inequidad como explicación de los males del universo.
Además, hay un detalle que a mí me dejó bastante impresionada: una de las explicaciones que se les ocurrieron a los autores de esta relación tan fuerte es la siguiente: En las sociedades más desiguales, se crea una especie de tensión psicológica – causada por la frustración, supongo – que desemboca en la persecución de bienes materiales que señalen status: estas señales adquieren más importancia en las sociedades inequitativas y la lucha para conseguirlas se refleja en los infelices indicadores sociales.
Si esto pasa en los países ricos, imaginemos lo que esto significa para los países latinoamericanos como el nuestro, donde además aparecen personajes de la farándula con ideas de lo más estrafalarias, filosofetes de cuarta, políticos más mentirosos que la media, teorías económicas que uno creía ya perimidas desde hace 20 años, instituciones mal diseñadas o donde el diseño se tergiversó tanto que ni nos enteramos cuál era la idea inicial de los diseñadores, discusiones sobre el rol del Estado en la economía que parecen de ciencia ficción, tanto desde el lado de los que quieren más como del de los que quieren menos, y así.
Considerando todo eso, resulta bastante claro que la lucha por más justicia social no debería ser el monopolio de los pobres y que todos esos ricachones que se niegan a pagar impuestos se están haciendo un flaco favor. Al final, cuando votan a un candidato que les promete no subir los impuestos terminan siendo igual de miopes que los pobres de las villas que votan porque les regalan un colchón.
Lo mismo que los políticos que no se animan a presentar en las campañas proyectos tributarios con unos buenos impuestos a los ingresos y a la propiedad, vamos.
En este blog pretendemos compartir con ustedes nuestros pensamientos sobre finanzas públicas, economía política, politica económica y politica, aclarando como principio que las delimitaciones entre las mencionadas ramas del conocimiento no serán respetadas.
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jueves, 12 de marzo de 2009
sábado, 6 de septiembre de 2008
Machinea y su tablita
Modificaciones impositivas: repercusionesAval de especialistas al cambio de la tablita
Su creador, Machinea, también apoya
lanacion.com | Economía | Sábado 6 de setiembre de 2008
Machinea, Gaggero y Litvin opinan sobre el impuesto a las Ganancias.
viernes, 30 de noviembre de 2007
Hacete amigo del Juez
Ustedes reconocerán en el título a uno de los consejos del viejo Vizcacha.
Esta semana el avispero tributario se volvió a mover porque CFK insinuó su deseo de que los jueces paguen el impuesto a las ganancias.
Ayer di mi última clase antes del 2do. y último parcial del cuatrimestre. Como siempre la última la dedico a "clase repaso" es decir los chicos exponen sus dudas sobre todos los temas. Martín levanta la mano y pregunta "podés explicar porque en Argentina no se cumple con el principio de equidad horizontal en el sentido de Simmons?".
"En que caso Martín?"
"Mi papá y mi tío ganan 8.000 pesos por mes cada uno. Uno es médico y el otro juez, según explicaste vos de acuerdo Simmons, toda fuente de ingresos debe estar gravada sin importar cual sea para de esa forma respetar la equidad horizontal y por lo tanto si ambos ganan lo mismo deben pagar lo mismo".
Y como todos se imaginan Martín tiene razón.
La equidad horizontal es el término técnico mediante el cual los tributaristas incorporan el concepto de igualdad ante la ley.
Rollo y Mendieta ayer levantaron la nota de la Nación donde Ventura intenta defender la postura de los jueces.
Gracias a Ventura aprendemos que la intangibilidad de los sueldos de los jueces es una claúsula que defiende la independencia de los jueces del Poder Ejecutivo al evitar que sean presionados mediante cambios salariales. También nos enseña que esa claúsula es anterior a la implementación del impuesto a las ganancias en nuestro país, o mejor dicho a la sanción del impuesto a los réditos en 1935. Por lo tanto la intangibilidad no se vería afectada en estos casos.
Hoy leí esto en Página 12. Copio la parte que viene al caso.
-¿Los jueces deben pagar impuesto a las Ganancias?
Deberían pagar, pero se les debería garantizar, al menos en forma inicial, que no tengan una reducción del salario. Se les podría dar un aumento, y después que paguen. Tendría un impacto más simbólico que económico ya que abarcaría sólo unos mil contribuyentes.
Yo debo estar muy dormido, porque entiendo que el titular del Consejo de la Magistratura dice que hay que aumentarles el sueldo a los jueces para que no sufran en sus bolsillos el pago del impuesto a las ganancias. Y me pregunto, no presentó la renuncia después de decir que para él no todos somos iguales ante la ley?
Siguiendo su ejemplo los productores agropecuarios deberían recibir un subsidio que compense la perdida de ingresos por el pago de las retenciones, no Mariano T.?
Esta semana el avispero tributario se volvió a mover porque CFK insinuó su deseo de que los jueces paguen el impuesto a las ganancias.
Ayer di mi última clase antes del 2do. y último parcial del cuatrimestre. Como siempre la última la dedico a "clase repaso" es decir los chicos exponen sus dudas sobre todos los temas. Martín levanta la mano y pregunta "podés explicar porque en Argentina no se cumple con el principio de equidad horizontal en el sentido de Simmons?".
"En que caso Martín?"
"Mi papá y mi tío ganan 8.000 pesos por mes cada uno. Uno es médico y el otro juez, según explicaste vos de acuerdo Simmons, toda fuente de ingresos debe estar gravada sin importar cual sea para de esa forma respetar la equidad horizontal y por lo tanto si ambos ganan lo mismo deben pagar lo mismo".
Y como todos se imaginan Martín tiene razón.
La equidad horizontal es el término técnico mediante el cual los tributaristas incorporan el concepto de igualdad ante la ley.
Rollo y Mendieta ayer levantaron la nota de la Nación donde Ventura intenta defender la postura de los jueces.
Gracias a Ventura aprendemos que la intangibilidad de los sueldos de los jueces es una claúsula que defiende la independencia de los jueces del Poder Ejecutivo al evitar que sean presionados mediante cambios salariales. También nos enseña que esa claúsula es anterior a la implementación del impuesto a las ganancias en nuestro país, o mejor dicho a la sanción del impuesto a los réditos en 1935. Por lo tanto la intangibilidad no se vería afectada en estos casos.
Hoy leí esto en Página 12. Copio la parte que viene al caso.
-¿Los jueces deben pagar impuesto a las Ganancias?
Deberían pagar, pero se les debería garantizar, al menos en forma inicial, que no tengan una reducción del salario. Se les podría dar un aumento, y después que paguen. Tendría un impacto más simbólico que económico ya que abarcaría sólo unos mil contribuyentes.
Yo debo estar muy dormido, porque entiendo que el titular del Consejo de la Magistratura dice que hay que aumentarles el sueldo a los jueces para que no sufran en sus bolsillos el pago del impuesto a las ganancias. Y me pregunto, no presentó la renuncia después de decir que para él no todos somos iguales ante la ley?
Siguiendo su ejemplo los productores agropecuarios deberían recibir un subsidio que compense la perdida de ingresos por el pago de las retenciones, no Mariano T.?
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martes, 23 de octubre de 2007
Harry Potter querrá ser nuestro futuro Secretario de Hacienda?
Alguna vez seguramente ya lo habré dicho, no importa tanto va el cantaro a la fuente que al final la rompe. Entre los tributaristas argentinos existe un alto nivel de consenso, no tan común en otros campos de la profesión, en torno a la idea que nuestro sistema tributario es bastante similar a aquel que podríamos llamar el sistema tributario óptimo. O si lo quieren en otros términos, desde el punto de vista del diseño nuestro sistema es bastante parecido al de los países desarrollados.
Sin embargo, existe fuera de este grupo, otro consenso generalizado. Aquel que reza que los problemas económicos argentinos se solucionarán, en parte, cuando por fin Argentina encare una seria reforma tributaria. Por ejemplo en los comments de este excelente post de Artemio, ésta idea vuelve a surgir. De hecho estas lineas se escriben al instante siguiente a terminar su lectura.
Entre las muchas cosas que aprendí desde que posteo por acá, una de las que más recuerdo es aquel comments de alguno de nuestros amigos bolseros que me dijo algo así como "Musgrave deje de soñar con la piedra filosofal de gravar la renta financiera, si mira el volumen transado en en la BCBA, verá que no da para ilusionarse mucho".
Entre toda la información que forma parte del proyecto de presupuesto hay unos cuatro cuadritos que dan una pista acerca de si la piedra filosofal existe o no. Son los cuadros de la estimación de gastos tributarios. Para los no entendidos, aclaro que gastos tributarios se llama a aquellos dineros que el fisco deja de recaudar debido a exenciones, privilegios o promociones económicas vigentes en las leyes impositivas.




Sé que tanto cuadrito es un poco antiestético pero que va a ser, no tengo ganas de armar algo más lindo.
Si mirán bien los cuadros verán que el total de recursos que el Estado deja de recaudar por exenciones, privilegios, etc, alcanza casi los 20.000 millones de pesos que parece una suma muy importante pero en términos del PIB es sólo 2.21%.
Claro que si miran el segundo cuadrito verán en las exenciones del impuesto a las ganancias, el punto 4, el que corresponde a nuestra piedra filosofal, reza el nunca bien ponderado "Sin Datos".
Los tributaristas también tienen otro gran consenso, aquel que reza que el problema no esta en el diseño de nuestro sistema tributario sino en la evasión. Este otro consenso tambien es compartido por los no tributaristas.
Por otro lado hace un par de meses Lindhal nos ilustraba acerca de las razones por las cuales tendríamos que tener paciencia para tener un Estado de Bienestar en Argentina.
Con Lindhal, nuestra primera coincidencia fue sobre el 2do. Teorema del Bienestar, cuando él no era Lindhal.
Leyendo los comments al post de Artemio, me dí cuenta que quizas L y M estemos equivocados. Un comentario decía que la solución pasaba por focalizarse en la distribución secundaria y no en la primaria. El verdadero Musgrave solía repetir que la intervención del Estado en la Economía no debía estar sólo regida por criterios parettianos. Y claro que tenía razón, en lugar de tratar de convencer a Harry Potter para que sea nuestro futuro Secretario de Hacienda, CFK debería estar pensando en fortalecer a una de las cenicientas del MECON, la CNDC y devolverle al Ministerio de Trabajo la perdida función de control de polícia sobre el trabajo en negro.
Ya hace tiempo lo cité a Javier Lindemboin, el Estado debe intervenir en la relación de fuerzas que determina la distribución primaria, con el 2do. Teorema del Bienestar no nos va alcanzar.
Y aunque me repita y parezca que ya me llegó de visita el alemán, voy a volver a citar a A. Smith, porque hay algunos que se olvidaron de sus enseñanzas.
"People of the same trade seldom meet together, even for merriment and diversion, but the conversation ends in a conspiracy against the public, or in some contrivance to raise prices. It is impossible indeed to prevent such meetings, by any law which either could be executed, or would be consistent with liberty and justice. But though the law cannot hinder people of the same trade from sometimes assembling together, it ought to do nothing to facilitate such assemblies; much less to render them necessary."
Sin embargo, existe fuera de este grupo, otro consenso generalizado. Aquel que reza que los problemas económicos argentinos se solucionarán, en parte, cuando por fin Argentina encare una seria reforma tributaria. Por ejemplo en los comments de este excelente post de Artemio, ésta idea vuelve a surgir. De hecho estas lineas se escriben al instante siguiente a terminar su lectura.
Entre las muchas cosas que aprendí desde que posteo por acá, una de las que más recuerdo es aquel comments de alguno de nuestros amigos bolseros que me dijo algo así como "Musgrave deje de soñar con la piedra filosofal de gravar la renta financiera, si mira el volumen transado en en la BCBA, verá que no da para ilusionarse mucho".
Entre toda la información que forma parte del proyecto de presupuesto hay unos cuatro cuadritos que dan una pista acerca de si la piedra filosofal existe o no. Son los cuadros de la estimación de gastos tributarios. Para los no entendidos, aclaro que gastos tributarios se llama a aquellos dineros que el fisco deja de recaudar debido a exenciones, privilegios o promociones económicas vigentes en las leyes impositivas.




Sé que tanto cuadrito es un poco antiestético pero que va a ser, no tengo ganas de armar algo más lindo.
Si mirán bien los cuadros verán que el total de recursos que el Estado deja de recaudar por exenciones, privilegios, etc, alcanza casi los 20.000 millones de pesos que parece una suma muy importante pero en términos del PIB es sólo 2.21%.
Claro que si miran el segundo cuadrito verán en las exenciones del impuesto a las ganancias, el punto 4, el que corresponde a nuestra piedra filosofal, reza el nunca bien ponderado "Sin Datos".
Los tributaristas también tienen otro gran consenso, aquel que reza que el problema no esta en el diseño de nuestro sistema tributario sino en la evasión. Este otro consenso tambien es compartido por los no tributaristas.
Por otro lado hace un par de meses Lindhal nos ilustraba acerca de las razones por las cuales tendríamos que tener paciencia para tener un Estado de Bienestar en Argentina.
Con Lindhal, nuestra primera coincidencia fue sobre el 2do. Teorema del Bienestar, cuando él no era Lindhal.
Leyendo los comments al post de Artemio, me dí cuenta que quizas L y M estemos equivocados. Un comentario decía que la solución pasaba por focalizarse en la distribución secundaria y no en la primaria. El verdadero Musgrave solía repetir que la intervención del Estado en la Economía no debía estar sólo regida por criterios parettianos. Y claro que tenía razón, en lugar de tratar de convencer a Harry Potter para que sea nuestro futuro Secretario de Hacienda, CFK debería estar pensando en fortalecer a una de las cenicientas del MECON, la CNDC y devolverle al Ministerio de Trabajo la perdida función de control de polícia sobre el trabajo en negro.
Ya hace tiempo lo cité a Javier Lindemboin, el Estado debe intervenir en la relación de fuerzas que determina la distribución primaria, con el 2do. Teorema del Bienestar no nos va alcanzar.
Y aunque me repita y parezca que ya me llegó de visita el alemán, voy a volver a citar a A. Smith, porque hay algunos que se olvidaron de sus enseñanzas.
"People of the same trade seldom meet together, even for merriment and diversion, but the conversation ends in a conspiracy against the public, or in some contrivance to raise prices. It is impossible indeed to prevent such meetings, by any law which either could be executed, or would be consistent with liberty and justice. But though the law cannot hinder people of the same trade from sometimes assembling together, it ought to do nothing to facilitate such assemblies; much less to render them necessary."
viernes, 14 de septiembre de 2007
Diseñando el presupuesto
Lindahl se pregunta para qué sirve el presupuesto nacional y desencantado nos dice que tiene la misma utilidad que un cenicero en una moto. Pero en este post tan lindo en El Cronista le dan una respuesta de lo que tendría que ser: un documento acordado por toda la sociedad en el que se define la política económica y social del país.
Como parece ser que el presupuesto que se acaba de enviar al Congreso no es demasiado creíble y considerando que si el Poder Ejecutivo hace contabilidad creativa también la podemos hacer desde acá, voy a diseñar el presupuesto y las políticas económicas y sociales tal como a mí me gustarían.
Como punto de partida voy a tomar la deuda pública, que en estos momentos es 62% del PIB y por la que el pago de intereses anuales llega a casi 2% del PIB. Necesitamos así, por lo menos, un superávit del 2% del PIB nada más que para pagar intereses. Supongamos, además, que queremos pagar la deuda, al 1% del PIB anual tardamos más de 60 años, dos generaciones y media. Se podría hacer más rápido, ¿no? 2% al año y se tardan 30 años. Con crecimiento y a medida que la deuda y el pago de intereses sean menores, el proceso de reducción se acelerará y quizás en unos 20-25 años ya esté solucionado el problema. Así que 4% del PIB de superávit para pagar la deuda. Parece bastante razonable.
Pero todavía me estoy olvidando del ciclo. Para poder hacer política fiscal contracíclica, necesitamos que el balance sea estructural, es decir que tiene que estar ajustado por la coyuntura económica y por gastos o ingresos extraordinarios u otras situaciones atípicas. Así podrá ser un poco más bajo en períodos de recesión, pero necesariamente más alto en épocas de bonanza. Yo diría que esa variación tendría que estar entre ½ y 1 punto del PIB.
A partir de ahí, juguemos un poco con lo que queremos como país. El país que yo quiero ofrece lo básico que ofrece un estado, defensa y seguridad, pero también invierte en educación, I+D, cuida la salud de sus ciudadanos, los protege de la pobreza cuando son chicos y cuando son viejos, de los ataques del desempleo y de las inclemencias de la globalización. Además, invierte en infraestructuras básicas, energía, transporte, comunicación y mantiene esas redes en buen estado.
Así que empecemos por el lado del gasto y por los bienes públicos más básicos, defensa, seguridad y administración. Un gasto de defensa del 1% me parece más que suficiente para un país pacífico. Seguridad incluye además de la policía y las cárceles, todo el sistema judicial y los bomberos, así que le damos un 2%. La administración, que incluye a los poderes ejecutivos y legislativos de todos los niveles y a la diplomacia, también podría arreglarse con un 2%, posiblemente. A educación, me parece que habría que dedicarle por lo menos el promedio de los países ricos, entre 5% y 6%, lo mismo que a I+D, un 2%. Si este último se complementara con un 1% proveniente del sector privado se llegaría cómodamente al 3% de los países más desarrollados. El gasto en recreación y cultura tiende a favorecer a los privilegiados de la sociedad, así que mientras haya otras prioridades, apenas le dedicaremos un 0,5%, lo que se compara con el 1,6% de Francia o el 2,2% de Luxemburgo. En salud, creo que un 5% sería suficiente, favoreciendo sobre todo políticas de prevención, lo que no incluye cirugías estéticas, que las dejamos en el sector privado. Nos queda la inversión en infraestructura, que dados los déficit actuales se llevaría un 3%, y algo para políticas habitacionales, iluminación, limpieza de las calles y las plazas, recolección de basuras, quizá con 1,5% alcance, aunque se debe necesitar algo más. Hasta ahí llevamos un gasto que equivale al 23% del PIB.
Pero todavía nos queda la seguridad social y las políticas de empleo y acá es donde se marca la gran diferencia, que hace que países como Suecia, Francia o Dinamarca estén tan lejos del resto. En la Unión Europea este gasto, que incluye jubilaciones, asignaciones familiares, seguro de desempleo y asistencia social y otro tipo de ayuda a los más pobres, varía entre el 9,5% de Irlanda y el 23,8% de Suecia, lo que da bastante espacio para jugar. Digamos un 12% en Argentina y redondeamos gastos en 35% del PIB. No tendremos un Estado Benefactor maravilloso, pero creo que con esto alcanza para tener un país de lujo, si tengo que ser sincera. Si además tenemos en cuenta los paisajes, el clima, los asaditos, el dulce de leche y la Selección, la faz de la tierra jamás vería un país mejor.
Bueno, ahora necesitamos ingresos equivalentes al 39% del PIB. Tal como están dadas las cosas, la recaudación tributaria alcanza, entre ingresos del Estado Nacional y las Provincias un 27,5% del PIB que se reparten en una maraña de impuestos espantosa que dejan frío al más pintado. Pero necesitamos aumentar la recaudación 12 puntos porcentuales del PIB. Los impuestos directos significan un 7,5 % del PIB, los impuestos indirectos, que incluyen al IVA y otros impuestos internos, un poco más del 9%, los de comercio exterior, el 3%, de los cuales 0,75% son derechos de importación y 2,25% derechos de exportación (¡!). Las contribuciones sociales no llegan al 4% y los impuestos provinciales apenas lo pasan. Como lo que marca la gran diferencia con el resto del mundo son los impuestos a las ganancias personales –1,2% del PIB comparados con el casi 25% de Dinamarca– los puntos faltantes posiblemente se consigan quitando las exenciones, corriendo los mínimos no imponibles para abajo, aumentando el empleo y reduciendo la informalidad. Las políticas de empleo, entonces, son cruciales.
Lo de la coparticipación, las provincias, cómo se consigue que todo el país tenga un nivel parecido de servicios y temas semejantes, se lo dejamos a Musgrave y a Lindahl, que de eso seguro saben más.
Como parece ser que el presupuesto que se acaba de enviar al Congreso no es demasiado creíble y considerando que si el Poder Ejecutivo hace contabilidad creativa también la podemos hacer desde acá, voy a diseñar el presupuesto y las políticas económicas y sociales tal como a mí me gustarían.
Como punto de partida voy a tomar la deuda pública, que en estos momentos es 62% del PIB y por la que el pago de intereses anuales llega a casi 2% del PIB. Necesitamos así, por lo menos, un superávit del 2% del PIB nada más que para pagar intereses. Supongamos, además, que queremos pagar la deuda, al 1% del PIB anual tardamos más de 60 años, dos generaciones y media. Se podría hacer más rápido, ¿no? 2% al año y se tardan 30 años. Con crecimiento y a medida que la deuda y el pago de intereses sean menores, el proceso de reducción se acelerará y quizás en unos 20-25 años ya esté solucionado el problema. Así que 4% del PIB de superávit para pagar la deuda. Parece bastante razonable.
Pero todavía me estoy olvidando del ciclo. Para poder hacer política fiscal contracíclica, necesitamos que el balance sea estructural, es decir que tiene que estar ajustado por la coyuntura económica y por gastos o ingresos extraordinarios u otras situaciones atípicas. Así podrá ser un poco más bajo en períodos de recesión, pero necesariamente más alto en épocas de bonanza. Yo diría que esa variación tendría que estar entre ½ y 1 punto del PIB.
A partir de ahí, juguemos un poco con lo que queremos como país. El país que yo quiero ofrece lo básico que ofrece un estado, defensa y seguridad, pero también invierte en educación, I+D, cuida la salud de sus ciudadanos, los protege de la pobreza cuando son chicos y cuando son viejos, de los ataques del desempleo y de las inclemencias de la globalización. Además, invierte en infraestructuras básicas, energía, transporte, comunicación y mantiene esas redes en buen estado.
Así que empecemos por el lado del gasto y por los bienes públicos más básicos, defensa, seguridad y administración. Un gasto de defensa del 1% me parece más que suficiente para un país pacífico. Seguridad incluye además de la policía y las cárceles, todo el sistema judicial y los bomberos, así que le damos un 2%. La administración, que incluye a los poderes ejecutivos y legislativos de todos los niveles y a la diplomacia, también podría arreglarse con un 2%, posiblemente. A educación, me parece que habría que dedicarle por lo menos el promedio de los países ricos, entre 5% y 6%, lo mismo que a I+D, un 2%. Si este último se complementara con un 1% proveniente del sector privado se llegaría cómodamente al 3% de los países más desarrollados. El gasto en recreación y cultura tiende a favorecer a los privilegiados de la sociedad, así que mientras haya otras prioridades, apenas le dedicaremos un 0,5%, lo que se compara con el 1,6% de Francia o el 2,2% de Luxemburgo. En salud, creo que un 5% sería suficiente, favoreciendo sobre todo políticas de prevención, lo que no incluye cirugías estéticas, que las dejamos en el sector privado. Nos queda la inversión en infraestructura, que dados los déficit actuales se llevaría un 3%, y algo para políticas habitacionales, iluminación, limpieza de las calles y las plazas, recolección de basuras, quizá con 1,5% alcance, aunque se debe necesitar algo más. Hasta ahí llevamos un gasto que equivale al 23% del PIB.
Pero todavía nos queda la seguridad social y las políticas de empleo y acá es donde se marca la gran diferencia, que hace que países como Suecia, Francia o Dinamarca estén tan lejos del resto. En la Unión Europea este gasto, que incluye jubilaciones, asignaciones familiares, seguro de desempleo y asistencia social y otro tipo de ayuda a los más pobres, varía entre el 9,5% de Irlanda y el 23,8% de Suecia, lo que da bastante espacio para jugar. Digamos un 12% en Argentina y redondeamos gastos en 35% del PIB. No tendremos un Estado Benefactor maravilloso, pero creo que con esto alcanza para tener un país de lujo, si tengo que ser sincera. Si además tenemos en cuenta los paisajes, el clima, los asaditos, el dulce de leche y la Selección, la faz de la tierra jamás vería un país mejor.
Bueno, ahora necesitamos ingresos equivalentes al 39% del PIB. Tal como están dadas las cosas, la recaudación tributaria alcanza, entre ingresos del Estado Nacional y las Provincias un 27,5% del PIB que se reparten en una maraña de impuestos espantosa que dejan frío al más pintado. Pero necesitamos aumentar la recaudación 12 puntos porcentuales del PIB. Los impuestos directos significan un 7,5 % del PIB, los impuestos indirectos, que incluyen al IVA y otros impuestos internos, un poco más del 9%, los de comercio exterior, el 3%, de los cuales 0,75% son derechos de importación y 2,25% derechos de exportación (¡!). Las contribuciones sociales no llegan al 4% y los impuestos provinciales apenas lo pasan. Como lo que marca la gran diferencia con el resto del mundo son los impuestos a las ganancias personales –1,2% del PIB comparados con el casi 25% de Dinamarca– los puntos faltantes posiblemente se consigan quitando las exenciones, corriendo los mínimos no imponibles para abajo, aumentando el empleo y reduciendo la informalidad. Las políticas de empleo, entonces, son cruciales.
Lo de la coparticipación, las provincias, cómo se consigue que todo el país tenga un nivel parecido de servicios y temas semejantes, se lo dejamos a Musgrave y a Lindahl, que de eso seguro saben más.
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sábado, 28 de julio de 2007
Sorpresas que da la vida
El único artículo que leí hoy sobre la verdadera razón es éste:
Progresismo en La Nación. No, si los medios argentinos ya no son lo que eran. Aunque los lectores, sin embargo, muestran la hilacha.
Y Tomada tendría que aprender un poco sobre cuáles son medidas reales de "inclusión social". Caradura. Si se anima, que venga a aprender acá. Yo le enseño.
El análisis de la noticia
Progresismo en La Nación. No, si los medios argentinos ya no son lo que eran. Aunque los lectores, sin embargo, muestran la hilacha.
Y Tomada tendría que aprender un poco sobre cuáles son medidas reales de "inclusión social". Caradura. Si se anima, que venga a aprender acá. Yo le enseño.
martes, 24 de julio de 2007
To be inside, or outside, that is the question
En los países en los que he vivido, las cantidades nominales que se usan para calcular lo que uno tiene que pagar de impuestos –y también las de los subsidios, como los familiares o de desempleo– se van ajustando con la inflación, por lo que tendría algún sentido aumentar el mínimo no imponible suavemente.
No aumentarlo, por otro lado, tiene el efecto progresivo que busca Lindahl, efecto progresivo al que también contribuye la así llamada tablita de Machinea, sobre la que un lector me llamó la atención ayer y un amigo tuvo la gentileza de mandarme por e-mail; la legislación impositiva siempre ha sido un laberinto para mí y jamás la hubiera encontrado sin su ayuda. Además, como los salarios ya aumentaron, no aumentarlo tendría el maravilloso efecto de aumentar la recaudación en un momento en que la economía va viento en popa, funcionando así como uno de esos estabilizadores automáticos que tanto nos gustan en este blog.
Ahora bien, el aumento del mínimo no imponible que se está negociando ahora es un aumento de 7.500 a 10.000 pesos, un aumento de más del 30%, lo que parece un poquito exagerado si es cierto que la inflación no va a superar el 10% este año, ya que además de ser aún más regresivo de lo que sería ajustando nada más que por la inflación, es claramente un ejemplo de política fiscal procíclica, de ésas que no nos gustan para nada en este blog. Para ilustrar un poco la situación y con este documento entre las manos, preparé la tabla que se ve acá.
En la tabla se ven dos cosas, una es que el efecto de aumentar el mínimo no imponible mejora los ingresos sólo de los que ganan más de 3.000 pesos por mes, la otra, que eliminar la famosa tablita de Machinea es realmente regresivo, ya que mejora más el ingreso de los que más ganan, tanto asalariados como autónomos, más el de estos últimos porque ya están bastante discriminados de entrada. Mantenerla, por el contrario, disminuye un poco el efecto regresivo del aumento en el mínimo no imponible.
Las deducciones del impuesto a las ganancias discriminan, por alguna misteriosa razón que quizás algún lector nos sepa contar, a los autónomos. Me juego a que es porque no están sindicalizados. Mientras los asalariados deducen 28.500 pesos de su ingreso salarial, la deducción de los autónomos es sólo de 7.500 pesos. Así, mientras el asalariado casado con dos hijos puede deducir hasta 48.000 pesos en el sistema actual, la cifra correspondiente para el autónomo en la misma situación familiar es apenas 27.000 pesos. Eso también se ve en la tabla; los autónomos, entre los que se podría encontrar el futuro Steve Jobs, empiezan a pagar impuestos antes, pagan más para todas las categorías de ingreso y tienen que esperar a ganar 18.000 pesos por mes para ser equiparados a los asalariados normales. Y eso si se mantiene la tablita, sino la discriminación sigue hasta el final de la escala de ingreso.
Por último, pregunto a mis coequipiers ¿no les parece complicadísimo este sistema de impuesto a las ganancias?
No aumentarlo, por otro lado, tiene el efecto progresivo que busca Lindahl, efecto progresivo al que también contribuye la así llamada tablita de Machinea, sobre la que un lector me llamó la atención ayer y un amigo tuvo la gentileza de mandarme por e-mail; la legislación impositiva siempre ha sido un laberinto para mí y jamás la hubiera encontrado sin su ayuda. Además, como los salarios ya aumentaron, no aumentarlo tendría el maravilloso efecto de aumentar la recaudación en un momento en que la economía va viento en popa, funcionando así como uno de esos estabilizadores automáticos que tanto nos gustan en este blog.
Ahora bien, el aumento del mínimo no imponible que se está negociando ahora es un aumento de 7.500 a 10.000 pesos, un aumento de más del 30%, lo que parece un poquito exagerado si es cierto que la inflación no va a superar el 10% este año, ya que además de ser aún más regresivo de lo que sería ajustando nada más que por la inflación, es claramente un ejemplo de política fiscal procíclica, de ésas que no nos gustan para nada en este blog. Para ilustrar un poco la situación y con este documento entre las manos, preparé la tabla que se ve acá.
En la tabla se ven dos cosas, una es que el efecto de aumentar el mínimo no imponible mejora los ingresos sólo de los que ganan más de 3.000 pesos por mes, la otra, que eliminar la famosa tablita de Machinea es realmente regresivo, ya que mejora más el ingreso de los que más ganan, tanto asalariados como autónomos, más el de estos últimos porque ya están bastante discriminados de entrada. Mantenerla, por el contrario, disminuye un poco el efecto regresivo del aumento en el mínimo no imponible.Las deducciones del impuesto a las ganancias discriminan, por alguna misteriosa razón que quizás algún lector nos sepa contar, a los autónomos. Me juego a que es porque no están sindicalizados. Mientras los asalariados deducen 28.500 pesos de su ingreso salarial, la deducción de los autónomos es sólo de 7.500 pesos. Así, mientras el asalariado casado con dos hijos puede deducir hasta 48.000 pesos en el sistema actual, la cifra correspondiente para el autónomo en la misma situación familiar es apenas 27.000 pesos. Eso también se ve en la tabla; los autónomos, entre los que se podría encontrar el futuro Steve Jobs, empiezan a pagar impuestos antes, pagan más para todas las categorías de ingreso y tienen que esperar a ganar 18.000 pesos por mes para ser equiparados a los asalariados normales. Y eso si se mantiene la tablita, sino la discriminación sigue hasta el final de la escala de ingreso.
Por último, pregunto a mis coequipiers ¿no les parece complicadísimo este sistema de impuesto a las ganancias?
Simmons te canta la justa
Y no estoy hablando de Leonardo y sus programas (Finalisima, era) del viejo canal de la palomita.
Este finde estalló de nuevo el problema del impuesto a las ganancias de personas físicas para los asalariados y el mínimo no imponible.
Para los tributaristas Simmons no es Leonardo, sino Henry. A quien debemos la famosa definición incremental de renta para el impuesto a la renta. (Según el Dr. Macón, Henry no estuvo solo en su descubrimiento, sino que lo comparte con Haig, Schanz y Griziotti.
Vamos al punto, el viernes trabajadores de Puerto Deseado protestaron pidiendo una suba del mínimo no imponible que les come parte considerable de sus salarios, ya había pasado a principios de año, según recuerdo.
El buen Henry elaboró una definición de renta para el impuesto a la renta que cumpliera con el principio de equidad horizontal (igual tratamiento a los iguales). Su definición es Y = C + Var W, donde Y es ingreso o renta, C consumo y Var W, variación patrimonial. La potencia de esta definición consiste en que no importa la fuente de ingresos, todas están gravadas y por eso garantiza que dos personas con el mismo ingreso paguen lo mismo, sin importar si una es asalariado y la otra rentista.
Ahora, C mide la cantidad de recursos que el individuo aplica a su consumo. El problema no tratando por Simmons es cuando mientras que los individuos A y B ganan 3000 y consumen por 2500, por razones que no vamos a tratar acá, el valor real de los 2500 que A consume son inferiores al valor real de los 2500 que consume B. Es decir la canasta de consumo en la provincia donde vive A es más cara que donde vive B.
Y acá surge el problema, a pesar de que la ley de ganancias intenta respetar las enseñanzas de Simmons, si A vive en Puerto Deseado y B en Bs. As, se rompe la equidad horizontal.
Pero B es mi amigo Alberto que trabaja en RRHH en Apache, y está sindicalizado como petrolero, seguro que al final él va a pagar menos que C, que vengo a ser yo que vivo en Bs. As. pero no estoy sindicalizado. (otra vez Boyer, no?)
Quedó claro cual es el problema?
L, asunto resuelto
Este finde estalló de nuevo el problema del impuesto a las ganancias de personas físicas para los asalariados y el mínimo no imponible.
Para los tributaristas Simmons no es Leonardo, sino Henry. A quien debemos la famosa definición incremental de renta para el impuesto a la renta. (Según el Dr. Macón, Henry no estuvo solo en su descubrimiento, sino que lo comparte con Haig, Schanz y Griziotti.
Vamos al punto, el viernes trabajadores de Puerto Deseado protestaron pidiendo una suba del mínimo no imponible que les come parte considerable de sus salarios, ya había pasado a principios de año, según recuerdo.
El buen Henry elaboró una definición de renta para el impuesto a la renta que cumpliera con el principio de equidad horizontal (igual tratamiento a los iguales). Su definición es Y = C + Var W, donde Y es ingreso o renta, C consumo y Var W, variación patrimonial. La potencia de esta definición consiste en que no importa la fuente de ingresos, todas están gravadas y por eso garantiza que dos personas con el mismo ingreso paguen lo mismo, sin importar si una es asalariado y la otra rentista.
Ahora, C mide la cantidad de recursos que el individuo aplica a su consumo. El problema no tratando por Simmons es cuando mientras que los individuos A y B ganan 3000 y consumen por 2500, por razones que no vamos a tratar acá, el valor real de los 2500 que A consume son inferiores al valor real de los 2500 que consume B. Es decir la canasta de consumo en la provincia donde vive A es más cara que donde vive B.
Y acá surge el problema, a pesar de que la ley de ganancias intenta respetar las enseñanzas de Simmons, si A vive en Puerto Deseado y B en Bs. As, se rompe la equidad horizontal.
Pero B es mi amigo Alberto que trabaja en RRHH en Apache, y está sindicalizado como petrolero, seguro que al final él va a pagar menos que C, que vengo a ser yo que vivo en Bs. As. pero no estoy sindicalizado. (otra vez Boyer, no?)
Quedó claro cual es el problema?
L, asunto resuelto
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lunes, 23 de julio de 2007
La vida del economista
Hace un tiempo en el blog de Todos los Chiflados había desaparecido Larry y Shemp reclamaba su vuelta. Entre los comentarios hubo uno que hizo alusión a que en Argentina no se podían aplicar las políticas que proponían los otros chiflados que no son Larry por ser "aplicables sólo a los países del hemisferio norte" o algo así. Y esa frasecita me dejó pensando.
¿Hay políticas del hemisferio norte que no son aplicables a la Argentina? ¿Es imposible para la Argentina aprender algo de lo que funciona, al decir de la bella Ségolène?
Lo cierto es que me desayuno leyendo que los sindicalistas argentinos están en pie de guerra para que reduzcan los impuestos a los salarios aumentando el mínimo no imponible y entonces me voy corriendo a revisar una de las biblias del economista: el Taxing Wages de la OECD.
La OECD tiene sus cosas, en la opinión de esta señora, entre ellas la de ser incapaz de reflejar en sus páginas que la relación del ser humano con el trabajo está influenciada por otras cosas además del salario y los impuestos, por lo que a veces terminan concluyendo que hay que cobrarles más impuestos a los pobres y menos a los ricos, pero el análisis económico que hacen y la documentación estadística que presentan son impecables. Es imposible leer una publicación de la OECD y terminarla sin haber aprendido algo nuevo. Ojalá Argentina fuera miembro, así la vemos en esas tablas y podemos compararnos con el resto.
Y mientras sigo shockeada por la falta de solidaridad de los sindicalistas, que no sólo olvidan a los excluidos sino también que son una de las partes del famoso contrato social, me entero que en Nueva Zelanda no existen las contribuciones sociales, sólo impuestos a los ingresos, que en Australia y en Dinamarca las empresas no pagan nada de contribuciones sociales, todo son impuestos a los ingresos y cargas sociales pagadas por el empleado y que en Irlanda, donde los costos laborales son muy bajos, todo está más o menos repartido.
Por el lado de lo que no funciona veo que en Grecia la presión impositiva incluyendo beneficios sociales de una familia con dos hijos es mayor que para los solteros -como para que se pongan a tener hijos los griegos- y que los pobres turcos, tanto solteros como casados, sufren la presión más fuerte de todas porque pagan impuestos pero no reciben ningun beneficio y así terminan votando lo que votan.
¿Conclusión? Los impuestos a los salarios no son ningún impedimento para el Estado de Bienestar, todo lo contrario, y ya sería hora que los sindicalistas se decidieran a contribuir con su granito de arena a las finanzas públicas.
¿Hay políticas del hemisferio norte que no son aplicables a la Argentina? ¿Es imposible para la Argentina aprender algo de lo que funciona, al decir de la bella Ségolène?
Lo cierto es que me desayuno leyendo que los sindicalistas argentinos están en pie de guerra para que reduzcan los impuestos a los salarios aumentando el mínimo no imponible y entonces me voy corriendo a revisar una de las biblias del economista: el Taxing Wages de la OECD.
La OECD tiene sus cosas, en la opinión de esta señora, entre ellas la de ser incapaz de reflejar en sus páginas que la relación del ser humano con el trabajo está influenciada por otras cosas además del salario y los impuestos, por lo que a veces terminan concluyendo que hay que cobrarles más impuestos a los pobres y menos a los ricos, pero el análisis económico que hacen y la documentación estadística que presentan son impecables. Es imposible leer una publicación de la OECD y terminarla sin haber aprendido algo nuevo. Ojalá Argentina fuera miembro, así la vemos en esas tablas y podemos compararnos con el resto.
Y mientras sigo shockeada por la falta de solidaridad de los sindicalistas, que no sólo olvidan a los excluidos sino también que son una de las partes del famoso contrato social, me entero que en Nueva Zelanda no existen las contribuciones sociales, sólo impuestos a los ingresos, que en Australia y en Dinamarca las empresas no pagan nada de contribuciones sociales, todo son impuestos a los ingresos y cargas sociales pagadas por el empleado y que en Irlanda, donde los costos laborales son muy bajos, todo está más o menos repartido.
Por el lado de lo que no funciona veo que en Grecia la presión impositiva incluyendo beneficios sociales de una familia con dos hijos es mayor que para los solteros -como para que se pongan a tener hijos los griegos- y que los pobres turcos, tanto solteros como casados, sufren la presión más fuerte de todas porque pagan impuestos pero no reciben ningun beneficio y así terminan votando lo que votan.
¿Conclusión? Los impuestos a los salarios no son ningún impedimento para el Estado de Bienestar, todo lo contrario, y ya sería hora que los sindicalistas se decidieran a contribuir con su granito de arena a las finanzas públicas.
miércoles, 18 de julio de 2007
Estado de bienestar en Argentina?
Ayer, decíamos que los países que armaron un estado de bienestar más grande durante el siglo XX no crecieron menos. El político sagaz dice: "ja, puedo reducir la desigualdad y la pobreza, cobrarle impuestos a los ricos, mejorar la educación y la salud, y encima crecer? Dónde firmo."
No tan rápido.
Dijimos que para que esto sea el caso, hay que cobrar impuestos a las ganancias personales y al consumo y no tanto a las empresas. Por el lado del gasto, los programas tienen que ser eficientes, más bien universales, y no desincentivar el trabajo.
Se puede, pero llevará tiempo. Hoy Argentina recauda 1,52% del PBI (mirá el Cuadro 17) por ganancias personales, contra casi 9% promedio en la OECD y más de 25% en Dinamarca. Esta diferencia se explica por tres causas: la distribución del ingreso es más desigual acá, la informalidad es mayor y la base del impuesto es menor.
Empecemos por la última: acá las rentas financieras, las ganancias de capital (valorización de activos) y los dividendos no pagan impuestos, en la OECD en general si. Además, el mínimo no imponible del impuesto es alto relativo al ingreso promedio comparado con la OECD. Acá apenas 7% de la población económicamente activa gana lo suficiente para pagar ganancias (ponele que este número esté subestimado porque la EPH subestima ingresos, igual poca gente paga ganancias (763,000 en 2003 contra una PEA de 16 millones, apenas el 4,7%). En EEUU, la PEA es de 153 millones y pagan ganancias aprox. 90 millones, casi 60%.
La informalidad es mayor, con lo cual menos gente tiene ganancias declaradas, achicando más la base. Según Artemio, 43,1% de los trabajadores están en negro. En los países ricos de la OECD, menos del 5%.
Por último, hablemos de la distribución. En Argentina, la distribución del ingreso se parece más a una Chi-cuadrada que a una normal. Es decir, hay muchos pobres, poca clase media y pocos ricos. Otra forma de decir lo mismo es que los ingresos de la clase media se parecen más a los ingresos de los ricos que a los de los pobres. Característica común en toda América Latina, a la cual nos parecemos cada vez más. Sin una distribución más equitativa, será más difícil recaudar ganancias.
Entonces, qué hacer? La informalidad hay que combatirla, y la tecnología está de nuestro lado. Cuanto más se difunda el comercio electrónico y las tarjetas de crédito, más difícil va a ser evadir. (yo estuve cuatro meses en EEUU, y creo que saqué efectivo de un cajero automático dos veces nomás. todo se paga con tarjeta).
También necesitamos una reforma tributaria que grave las rentas financieras y exima las ganancias reinvertidas de las empresas. A mi me gusta el sistema dual de los escandinavos, que grava las rentas financieras con una tasa fija y los ingresos laborales con una tasa progresiva porque desincentiva menos la inversión. También me gusta el flat tax, siempre y cuando haya una deducción que lo haga progresivo en la tasa media. Y como dice Musgrave, habrá que subir un poco la tasa de ganancias para recaudar más, y poder así mejorar de a poco la distribución del ingreso.
Y desde ya, si no mejoramos la eficiencia del gasto, va a ser difícil sostener esto.
Bueno, un post largo, pero el tema lo amerita. Va a llevar tiempo armar un estado de bienestar que permita una sociedad más justa, pero si no empezamos, nunca va a llegar.
No tan rápido.
Dijimos que para que esto sea el caso, hay que cobrar impuestos a las ganancias personales y al consumo y no tanto a las empresas. Por el lado del gasto, los programas tienen que ser eficientes, más bien universales, y no desincentivar el trabajo.
Se puede, pero llevará tiempo. Hoy Argentina recauda 1,52% del PBI (mirá el Cuadro 17) por ganancias personales, contra casi 9% promedio en la OECD y más de 25% en Dinamarca. Esta diferencia se explica por tres causas: la distribución del ingreso es más desigual acá, la informalidad es mayor y la base del impuesto es menor.
Empecemos por la última: acá las rentas financieras, las ganancias de capital (valorización de activos) y los dividendos no pagan impuestos, en la OECD en general si. Además, el mínimo no imponible del impuesto es alto relativo al ingreso promedio comparado con la OECD. Acá apenas 7% de la población económicamente activa gana lo suficiente para pagar ganancias (ponele que este número esté subestimado porque la EPH subestima ingresos, igual poca gente paga ganancias (763,000 en 2003 contra una PEA de 16 millones, apenas el 4,7%). En EEUU, la PEA es de 153 millones y pagan ganancias aprox. 90 millones, casi 60%.
La informalidad es mayor, con lo cual menos gente tiene ganancias declaradas, achicando más la base. Según Artemio, 43,1% de los trabajadores están en negro. En los países ricos de la OECD, menos del 5%.
Por último, hablemos de la distribución. En Argentina, la distribución del ingreso se parece más a una Chi-cuadrada que a una normal. Es decir, hay muchos pobres, poca clase media y pocos ricos. Otra forma de decir lo mismo es que los ingresos de la clase media se parecen más a los ingresos de los ricos que a los de los pobres. Característica común en toda América Latina, a la cual nos parecemos cada vez más. Sin una distribución más equitativa, será más difícil recaudar ganancias.
Entonces, qué hacer? La informalidad hay que combatirla, y la tecnología está de nuestro lado. Cuanto más se difunda el comercio electrónico y las tarjetas de crédito, más difícil va a ser evadir. (yo estuve cuatro meses en EEUU, y creo que saqué efectivo de un cajero automático dos veces nomás. todo se paga con tarjeta).
También necesitamos una reforma tributaria que grave las rentas financieras y exima las ganancias reinvertidas de las empresas. A mi me gusta el sistema dual de los escandinavos, que grava las rentas financieras con una tasa fija y los ingresos laborales con una tasa progresiva porque desincentiva menos la inversión. También me gusta el flat tax, siempre y cuando haya una deducción que lo haga progresivo en la tasa media. Y como dice Musgrave, habrá que subir un poco la tasa de ganancias para recaudar más, y poder así mejorar de a poco la distribución del ingreso.
Y desde ya, si no mejoramos la eficiencia del gasto, va a ser difícil sostener esto.
Bueno, un post largo, pero el tema lo amerita. Va a llevar tiempo armar un estado de bienestar que permita una sociedad más justa, pero si no empezamos, nunca va a llegar.
viernes, 13 de julio de 2007
Reforma Tributaria, SI. Superpoders, NO.
Hoy leía El Cronista de ayer, y encontré una importante noticia que pasó desapercibida, no tengo acceso al Cronista online, (se aceptan password) así que tipeo el encabezado.
"La Cámara declaró la inconstitucionalidad de un decreto que anulaba una exención a la venta de acciones, en virtud de las delegaciones legislativas de la ley de superpoderes"
"Un reciente fallo de Cámara (Boiteaux, 12/4/07) declaró inconstitucional al decreto 493/01 que entre numerosas modificaciones impositivas, gravó en el impuesto a las ganancias las ventas de acciones sin cotización pública por parte de personas físicas y sociedades off-shore del exterior.
.....El Procurador del Tesoro tiene un criterio distinto al fallo y piensa que hay que ver caso por caso."
Según mis escasas nociones de derecho constitucional, la facultad legislativa sobre impuestos es indelegable. Quizás algún jurista bloggero nos ayude (no pude encontrar los links )
Para pensar no, a veces la forma importa tanto como el fondo. O mejor dicho, un poquito más de institucionalidad a veces no vendría mal, ¿no?
"La Cámara declaró la inconstitucionalidad de un decreto que anulaba una exención a la venta de acciones, en virtud de las delegaciones legislativas de la ley de superpoderes"
"Un reciente fallo de Cámara (Boiteaux, 12/4/07) declaró inconstitucional al decreto 493/01 que entre numerosas modificaciones impositivas, gravó en el impuesto a las ganancias las ventas de acciones sin cotización pública por parte de personas físicas y sociedades off-shore del exterior.
.....El Procurador del Tesoro tiene un criterio distinto al fallo y piensa que hay que ver caso por caso."
Según mis escasas nociones de derecho constitucional, la facultad legislativa sobre impuestos es indelegable. Quizás algún jurista bloggero nos ayude (no pude encontrar los links )
Para pensar no, a veces la forma importa tanto como el fondo. O mejor dicho, un poquito más de institucionalidad a veces no vendría mal, ¿no?
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