A esta altura, ya todo el mundo sabe que el premio Nobel de este año se dio en la parte de la microeconomía más teórica que existe, pero justo dos días después yo descubrí una aplicación a las finanzas públicas que es un ejemplo precioso del diseño de mecanismos en todo su esplendor.
El caso es que Dinamarca lleva como tres o cuatro años en el medio de un
boom económico que parece haber llegado a la cima más o menos por estos meses y que como uno de sus síntomas muestra una situación en el mercado de trabajo que no se ve desde hace 30 años; una tasa de empleo cercana al 78% y una de desempleo del 3,2%. Hay escasez de mano de obra en todos los sectores, especialmente en la construcción y en el sector público, donde faltan maestros, profesores, maestras jardineras, enfermeras, médicos, economistas, lo que a uno se le ocurra.
La falta de mano de obra no se va a hacer menor en los próximos años, las cohortes que nacieron a mediados de los ochenta son las más pequeñas de la historia y acaban de entrar en su
prime age laboral. El resultado es que Dinamarca recibe recomendaciones de todos los organismos internacionales habidos y por haber para que hagan algo para aumentar la oferta de trabajo, lo que es bastante difícil para un país que ya tiene la tasa de actividad más alta de la UE.
¿De dónde sacar gente? Hay dos o tres grupos posibles, pero el más obvio de todos son los que tienen entre 62 y 67 años. En Dinamarca hay un sistema de jubilación anticipada que hace que uno se pueda jubilar a partir de los 60 años. El efecto de ese sistema hace que la tasa de participación caiga como 30 puntos porcentuales entre los 59 y los 62 años, sobre todo para las mujeres.
Las organizaciones internacionales que nombré antes no se cansan de recomendar que hay que desmantelar por completo el sistema de jubilación anticipada, pero hay que reconocer que en la misma Dinamarca el proyecto no tiene demasiado apoyo ni político, ni popular.
¿Qué hacer, entonces? El gobierno acaba de presentar una propuesta que ofrecería una ventaja impositiva a la gente mayor de 60 años que no se jubile, pero las críticas arrecian. ¿Cuán absurda puede ser una política que primero gasta plata jubilando a la gente por anticipado y después gasta todavía más plata ofreciéndoles una ventaja impositiva para que no se jubilen?
Y acá aparecieron los "sabios" del
Consejo Económico, una institución que normalmente hace los mejores análisis de la economía danesa que existen.
Según ellos, no tiene sentido ofrecer una ventaja impositiva a la gente que de todas formas permanecería en el mercado de trabajo, aunque sí a la gente que se retiraría. Como no se sabe quién se retiraría y quién no –típico problema de información imperfecta- la idea es usar la información estadística disponible que dice que el grupo al que hay que estimular para que trabaje son los de 64 años para arriba. Ventajas impositivas para los de 64 años y más, entonces. Pero así nos perdemos a los más jóvenes (los de 61, 62 y 63 años), es la primera objeción que hizo mi marido mientras yo le contaba la propuesta. No, le dije, porque la idea es que la ventaja impositiva la obtenés a partir de los 64 años pero
sólo si estuviste activo en el mercado de trabajo durante los tres años anteriores.
Y así, se gasta sólo plata en el grupo de más de 64 años, pero también se consigue que trabajen más todos los que abandonarían el mercado de trabajo a partir de los 61. Y eso no es otra cosa que diseñar un mecanismo de incentivos.
La idea también incluye detalles sobre los tiempos de implementación, con el fin de conseguir que la medida surta efecto lo más rápido posible. Al fin de cuentas el
boom es ahora, el año que viene puede pasar cualquier cosa y los cuellos de botella en el mercado de trabajo quizás desaparezcan.
El sólo detalle en contra: algunas encuestas indican que a esta altura de su nivel de desarrollo, si a los daneses les dan a elegir, prefieren pagar más impuestos y trabajar menos, así que tanto diseño, tanto diseño, pero nos olvidamos de un detalle clave, las preferencias.