jueves, 14 de febrero de 2008

Consenso se escribe con "s"

La primera vez que escuché hablar del Consenso de Washington fue en un curso de Desarrollo Económico que seguí en Dinamarca. El profesor se reía un poquito mientras lo comentaba y decía: "Bueno, todo esto a nosotros nos parece nada más que sentido común –sund fornuft, decía el tipo– pero en muchos países sería revolucionario". Entonces, a principio de los '90, el Consenso de Washington era sentido común en Dinamarca, uno de los paraísos igualitarios del mundo civilizado, y en esa clase yo no escuché absolutamente nada de neoliberalismo.

El caso es que había listas sobre lo que constituía el Consenso de Washington por todos lados y en montones de libros y de artículos y nunca me preocupé demasiado por enterarme de dónde había salido el término hasta que hace unos días Musgrave me desasnó y me pasó un artículo del inventor de la expresión, donde éste hace una especie de recapitulación de su contenido y significado unos cuantos años después.

En el mismo sitio se encuentra el artículo con la versión inicial del Consenso y debo confesar que después de leerlo, me quedé pensando que la mitad de las discusiones entre los economistas deben aparecer por problemas de comunicación o malentendidos.

Para empezar, tendríamos que recordar lo que quiere decir la palabra "consenso". La definición de la RAE dice:

consenso.
(Del lat. consensus).
1. m. Acuerdo producido por consentimiento entre todos los miembros de un grupo o entre varios grupos.

Y el Consenso de Washington era eso, una especie de acuerdo que surgió nada más y nada menos que en una conferencia sobre la Reconstrucción Económica de América Latina organizada por la Fundação Getúlio Vargas en agosto del '89 en Río de Janeiro. Esto es, en un momento en que parecía que la Argentina se desmoronaba y justo al final de lo que terminó llamándose la década perdida de América Latina. El Consenso de Washington se escribió especialmente para América Latina en esa circunstancia de parálisis y lo más raro de todo es que terminó como una receta que supuestamente se podía aplicar a todo el mundo y, además, como un ejemplo de políticas neoliberales en su peor expresión. Hasta los altermondialistes franceses dicen malas palabras en contra del Consenso de Washington cada vez que piden más protección para los trabajadores de La France.

Leyendo el artículo donde Williamson presenta su Consenso lo que vemos es lo que decía mi profesor: un conjunto de políticas que para cualquier economista normal y moderado son nada más que sentido común. Es más, la mayoría de las 10 propuestas del Consenso vienen con aclaraciones que decididamente las alejan del neoliberalismo, normalmente identificado con las escuelas de la economía de la oferta o de los ciclos económicos reales, dos escuelas cuyas recomendaciones tratan de evitar por todos los medios la injerencia del Estado en la economía.

Los puntos del Consenso están en el cuadro que sigue, al que saqué del último libro de Dani Rodrik, que también tiene algo que decir al respecto. En la primera parte del cuadro están los puntos del Consenso original, en la segunda, diez puntos adicionales que se fueron agregando gracias a los años, las discusiones y las críticas.


En lo que sigue repasaré a vuelo de pájaro los 10 principios originales con sus respectivas salvedades y calificaciones para que se vea un poco de qué se trataba y mejorar su reputación.

Si empezamos por la disciplina fiscal y la reorientación del gasto público, hay que reconocer que todo es bastante moderado, en ningún momento se recomienda bajar el gasto ni reducir la participación del Estado en la economía. Sin embargo, lo que sí se recomienda es mantener el equilibrio fiscal y reorientar el gasto para hacerlo más eficiente y más justo.

Con respecto a las reformas impositivas, la propuesta es también de lo más razonable: bases impositivas amplias y tipos impositivos marginales moderados. Aunque hay un detalle bastante revolucionario: ponerle impuestos a los capitales fugados. ¿Es eso neoliberal?

La de las tasas de interés debe ser la recomendación más pro-mercado de todas. Para evitar una mala asignación del crédito dice que es mejor que las determine el mercado. Además, tendrían que ser moderadamente positivas para estimular la inversión pero no la fuga de capitales. Reconozcamos que, cuando funciona, nada asigna mejor que el mercado, pero que el mercado de capitales en Latinoamérica es bastante restringido.

Lo del tipo de cambio es otra recomendación llamativamente razonable. La idea es que sea lo suficientemente competitivo como para promover exportaciones pero no más que eso, para no crear presiones inflacionarias ni desincentivar la inversión. Williamson define un concepto al que llama tipo de cambio de equilibrio fundamental que sería el tipo de cambio real que permite crecer a las exportaciones para que la economía crezca a su tasa de crecimiento potencial. Nada de retrasos cambiarios ni convertibilidades ni liberación total de los flujos de capital en el Consenso.

En cuanto a la política comercial, la idea a fines de los 80 era que para crecer había que promover exportaciones pero, al mismo tiempo, liberalizar las importaciones. Yo he escuchado asociar Washington a la expresión “apertura indiscriminada”. Pues no, la recomendación de Williamson es una apertura relativa, abandonando las restricciones cuantitativas e imponiendo tarifas moderadas con exenciones a la importación de insumos necesarios para la producción de bienes exportables.

La parte sobre inversión extranjera directa refleja un poco la ironía con la que mira Williamson a la política norteamericana pero además deja claras dos cosas: que la liberalización de los flujos de capital y la IED son dos cosas distintas y que restringir el acceso de esta última es una tontería en un país que necesita capital y tecnología.

Con respecto a las privatizaciones, el artículo presenta pros y contras. Williamson dice que la visión de Washington era promoverlas a toda costa, la suya propia es mucho más suave; las justifica cuando aumentan el grado de competencia y alivian la situación fiscal, pero presenta razones para preferir en ciertos casos, como por ejemplo en transporte, la empresa pública.

Otra recomendación es la desregulación de la economía. En este blog, Musgrave no se cansa de pedir más y más regulación y lo cierto es que en muchos casos se justifica. Pero hay que reconocer que la Argentina de los años ochenta estaba sobreregulada y que la regulación no era la óptima. La burocracia inútil y las reglas exageradas, omnipresentes e innecesarias le ponen un freno a la actividad económica y desincentivan a la gente, creando un clima de inoperancia.

Y el último es la defensa de los derechos de propiedad. En América Latina, y en muchos países en desarrollo, los derechos de propiedad, sobre todo los de los pobres, no están demasiado protegidos. Asegurarlos tendría dos efectos visibles: uno, que uno cuida más a lo que siente propio, el otro, que permitiría a mucha gente acceder a los mercados de capitales. Sí, el derecho a la propiedad es propio del sistema capitalista, y es fundamental para su existencia, pero de vuelta ¿neoliberal?

Si tengo que decir la verdad, un consenso que dice "Primary education is vastly more relevant than university education, and primary health care (especially preventive treatment) more beneficial to the poor than hospitals in the capital city stuffed with all the latest high-tech medical gadgets", a mí no me parece neoliberal.

En fin, si no leyeron el artículo y odian al Consenso de Washington, se los recomiendo; debe ser uno de los conceptos más injustamente vapuleados de la historia económica y merece una segunda oportunidad.

Además, la crisis argentina del 2001 no ocurrió por hacerle caso. Sirva este post de desagravio.

18 comentarios:

Musgrave dijo...

Ana C, clap, clap. Muy bueno el post. Se acuerda de aquella frase, "los políticos siempre siguen las ideas de algún economista muerto"? Parece que este tema ni siquiera se tomaron el trabajo de leerlo a Williamson, Será por qué esta vivo?

El otro día Primo Louis tiraba sobre la mesa el tema del discurso, creo que toda la ensalada que se armó alrrededor del C.W. es otro caso de la potencia de lo discursivo sobre el conocimiento o la "ciencia maldita".

Eso si fijese como el CW aumentado ya trae flexibilidad del mercado detrabajo, y eso se entendió como flexibilidad laboral y ahi la cosa deja de ser sund fornuft.

Ana C. dijo...

Gracias, Musgrave. La flexibilidad laboral es otro concepto con mala prensa. O posiblemente con mala implementación.

cansarnoso dijo...

mientras este vago no postea ni dos líneas llega un verdadero tratado, gracias

una respuesta requiere un estudio concienzudo
pero como aperitivo visceral
y leído en diagonal creo que es precisamente el párrafo tu cita donde se muestra la hilacha neoliberal cuando williamson se pronuncia a favor de una sociedad dicotómica:
"developing countries need to train and retain an educated elite as well as to raise the standards of the masses and the poorest"

después de muchos años de negar el neoliberalismo como tal (o atribuirlo solo a la práctica fanática típica de los conversos), cuando pasó su auge encontré una prueba de fuego:
si la desigualdad es un subproducto inevitable pero indeseable y como tal para aminorar (habría que buscar cita en liberales como marshall o pigou) o si la acentuación de las desigualdades es funcional (neoliberalismo9

Lic. Baleno dijo...

Usted centra el tema correctamente en el malentendido.
En efecto, a cada uno de los puntos usted le da una interpretacion y Artana y Solanet le dan otra completamente distinta.
Por ejemplo: Es evidente que decir "privatizaciones" puede ser entendido como "muchas, con control mas o menos estricto del estado" y otro entiende que hay que vender Parques Nacionales y el Banco Nacion en subasta publica y al mejor postor, y sobre todo rapido y sin condiciones.
Asi todos los puntos tienen o una doble lectura completamente contradictoria o una vaguedad insoportable, y no es un problema del consenso de Washington, es un problema del lenguaje...

cansarnoso dijo...

artana ...

en la conferencia de prensa donde anunciaba las medidas del casi nonato ministerio de RLM distribuyó un listado de los recortes (universitarios) y los residuos a vender para lograr la privatización total

observando la omisión de la participación en papel prensa, me respondió que de eso se habían "olvidado"

de poco le sirvió la chupada de medias a los medios dilectos, ya que al día siguiente hábil estaba ido

Anónimo dijo...

Ana C.
...
Gracias.

Con respecto al typo, en su momento no me parecio relevante hacer una errata.

cansarnoso dijo...

Y si el "con censo" fuera la quinta acepción del DRAE:

"Contribución o tributo que entre los antiguos romanos se pagaba por cabeza, en reconocimiento de vasallaje y sujeción"?

y tratándose de una cuestión ideológica de los devotos de las torres de marfil del pensamiento único ¿por qué no la sexta?:

"Pensión que anualmente pagaban algunas iglesias a su prelado por razón de superioridad u otras causas"

Ana C. dijo...

Cansarnoso, a mí no me da la impresión que "se pronuncie a favor de una sociedad dicotómica" sino que la acepta como una realidad ineludible con la que tenemos que hacer algo. La sociedad dicotómica está ahí y si bien el crecimiento no es suficiente, es una condición indispensable para que sea menos segmentada.

La interpretación de los que usted nombra, Lic. Baleno, no pareciera tener mucho que ver con el consenso. Pero cuando ellos lo interpretaron así y esa interpretación fue la que se transmitió a la tradición popular, se desvirtuó del todo la idea inicial.

Gracias a usted por traerlo al ruedo, Anónimo. Por lo otro, fue un poco por pedantería y otro poco porque me gustó como quedaba como título.

Sirinivasa dijo...

Qué cosa... Hace exactamente diez años nos juntábamos con tres amigos, en medio del llano desolado, a leer a Williamson y a Fukuyama. Era cuestión de entender.

Pero bueno, es como dice el Lic.Baleno

Uno puede leer el Sermón de la Montaña y verse conmovido, y hasta convencido. Pero después viene una cadena que pasa por la Summa Teológica de S.Tomás, Concilios Varios, redacción del Catecismo oficial, hasta el misal del cura párroco, que convence a sus feligrese de ir a quemar a los infieles.

Los cruzados de los 90' vinieron a hacerle la guerra santa al "populismo estatista" no con debates acedémicos -no, por cierto, con el sermón de la Montaña- sino con el misal de combate de Menem-Dromi-Cavallo. Claro, en la Guerra Santa se invocaban principios -como el CdeW- en tanto que palabras sagradas, verdades reveladas, pero lejanas e inasibles. "Misterios" hubiese dicho mi profesor de catequesis del primario.

Hace poco leía que Albert O. Hirschmann una de las veces que estuvo en la Argentina, en el 68', se espantó cuando funcionarios oficiales le decían que estaban aplicando lo leído en "Estrategia del Desarrollo", sólo que habían desdoblado los "tiempos", económico-social-político...

De todos modos, pensando en esos años, 89'-90', cualquier camino "intermedio" pareciera haber sido imposible. No hubiese satisfecho ni a tirios ni a troyanos.

Saluts

Anónimo dijo...

La noria de la historia...parece que estas latitudes estan condenadas a que las contrareformas tengan exito sobre las reformas, hasta en economia.

Podriamos hacer una busqueda del tesoro como contraprueba: un premio al primero que descubra en que libreria de Buenos Aires se puede comprar "La Institucion de la religion Cristiana" de Juan Calvino.
Eso si, hasta los supermercados estan llenos de libros de estudios teologicos del Pastor J.A.Ratzinger.

El del 0.33% dijo...

Ana C. es muy bueno el post.
Ahora, solo una consulta desde el desconocimiento de éstos temas: ¿Cómo se hace para implementar ésto cuando quien preside un país tiene intereses personales sobre los públicos?
Nótese que no puntualizo ningún país.

Andrés el Viejo dijo...

Ana C.:
Seguramente, usted tiene razón. O yo tengo que reconocérsela, porque usted estudió el asunto y yo no. El problema es que, tal como usted plantea el desagravio al CdW, es como si dijéramos un homenaje póstumo. Algo así como esas rehabilitaciones que en los años de Jrushov se hacían en la URSS a los eliminados por Stalin. Se les reconocía que habían sido ciudadanos soviéticos y comunistas ejemplares, pero no se los resucitaba.
El CdW, como muchas otras cosas en la vida económica, social y política, pasó a ser algo distinto, o por lo menos, una versión distorsionada del original. Eso fue, para defensores y detractores. Cuando vino la marea contraria, falleció como parte (así fuera una injusticia) del neoliberalismo repudiado. ¿Podríamos decir que fue víctima de "daños colaterales"? En todo caso, ni usted ni nadie lo puede resucitar.

Anónimo dijo...

Tenés razón Ana, el Consenso de Washignton es progresista y Carlos Menem fue un presidente revolucionario que impulsó el crecimiento de la Argentina y la justa distribuciónd e los ingresos!
Solo te faltó en tu análisis asimilar quiénes aplicaron esas recetas para saber qué orientación le dieron.

LM

Ana C. dijo...

Sirivanasa, el problema es que en tiempos de crisis extremas, las soluciones suelen ser siempre de emergencia, como si se tapara el fuego por algún lado descuidando que se empiece a prender por otro.

Ah, el del 33%, ése es el gran dilema. Posiblemente parte de la respuesta esté en la segunda columna de la tabla.

Bueno, Andrés el Viejo, yo creo que sigue habiendo consenso en muchas de las recomendaciones. En los países normales todavía es sentido común.

LM, ¿qué quiere? ¿que escriba un post todavía más largo? Musgrave me va a echar.

Si se fija bien, durante el gobierno de Menem no se hizo ni el 1, ni el 2, ni el 3, ni el 5, ni el 9, ni el 10. Si miramos la segunda parte de la tabla, no se le hizo caso ni al 11, ni al 12, ni al 13, ni al 16, ni al 19, ni al 20. Se descuidaron 12 de 20. De los otros 8 no hablo porque no estoy del todo segura.

Primo Louis dijo...

Un profe solía decir que el nombre estaba muy bien puesto, el consenso era de Washington porque acá no le preguntaron a nadie...

Ana, si usted lee la Ley Federal de Educación, es fantástica. Incluso es dificil pegarle a la Ley de Educación Superior si uno se atiene al texto.

El primer problema (en el que vamos a acordar, creo) es que el texto no es la práctica. Y un texto hecho para generar consenso mucho menos.

Estaría bueno cotejarlo con los memos que el FMI y el Banco Mundial (Washington) giraban a los gobiernos latinoamericanos. ¿o usted cree que acá "se fueron de mambo" porque sí?

Además, una cosa es el sentido general, incluso entre economistas, y el otro el sentido específico que se le da puertas adentro de las organizaciones (gente que conozco dice que a los proyectos hay que traducirlos a "BIDish" cuando son presentados al BID). Que no le extrañe que esos acuerdos generales tengan una traducción bien específica y supervisada en la práctica.

Saludos!

mauli dijo...

Anac: Gracias por la entrada, dedicada y clara como siempre. Hace unos meses leí el documento original para ver qué decía, harta del sonsonete quejoso sobre el tema. Y también me sorprendí. Sin embargo, hay que considerar que es la orientación que surge como respuesta a la crisis de los '80 y, en ese sentido, es llamativo que no haya una sola mención explícita al Estado. Se supone que es el Estado el que debe intervenir para aplicar medidas como la reorientación del gasto público y la fijación del tipo de cambio, por ejemplo. Pero es un dato que no se lo mencione ni siquiera cuando se habla de la necesidad de una red de seguridad social y de las políticas de contención de la pobreza. Como Ud. dice, estos puntos y otros que buscan equilibrar algo se incorporaron luego de años de discusión y crítica, cuando todo el entramado social había explotado. No es culpa del Consenso lo que pasó aquí. Es culpa nuestra y de nuestros dirigentes. Como en la vida personal, nos sucede como sociedad lo que no sabemos hacer de otro modo, lo que no queremos hacer de otro modo o lo que no podemos evitar hacer de otro modo. Estoy usando las palabras de Alfonsín cuando dejó su gobierno. No dejan de ser fracasos propios. Pero no creo que eso alcance para reivindicar aquel acuerdo. Busquemos, mejor, otra lista de “Reglas de Buen Comportamiento para Promover el Crecimiento Económico”, construidas también sobre el sentido común, el menos común de los sentidos, como suele decirse.

Ana C. dijo...

Ah, Primo Louis, yo no sé si eso es cierto. Si le preguntan a usted, seguro que no le gustan ni los déficits públicos, ni la inflación, ni la burocracia exagerada, ni un montón de otras cosas que están en esas listas.

Lindo verla por acá, Mauli. Quizás la mención explícita al Estado no haga falta porque la lista de Washington son todas políticas públicas, en el sentido que el único que las puede llevar a cabo es el Estado.

Ulschmidt dijo...

No se porqué se persiste en atribuir culpas a propuestas académicas o teóricas o diplomáticas. La aplicación concreta de recetas económicas obedece a la dinámina política interna de los países y no a las bondades o defectos de algún think tank o acuerdo protocolar. Pero es más cómodo luego a las clases políticas denostar al "neoliberalismo" o cosas así...