lunes, 29 de diciembre de 2008

Keynes y la distribución del ingreso

El último capítulo de la Teoría General se llama "Concluding Notes on the Social Philosophy towards which the General Theory might lead", esto es, "Notas Finales sobre la Filosofía Social hacia la cual conduce la Teoría General" o Ideología detrás de la Teoría General, qué tanto. Y la verdad que es una joyita al que este post no le va a poder hacer justicia, aunque lo intente.

Ahí Keynes dice que "los problemas más grandes de la sociedad en la que vivimos son sus dificultades para llegar al pleno empleo y lo arbitrario e inequitativo de su distribución de la riqueza y el ingreso".

Y entonces sigue – téngase en cuenta que esto fue escrito en 1936 – "Desde el final del siglo XIX se ha progresado mucho en remover las enormes inequidades en la distribución de la riqueza y del ingreso gracias a los impuestos directos – impuestos a los ingresos, impuestos extraordinarios e impuestos a la herencia – especialmente en Gran Bretaña. Mucha gente querría ver que este proceso fuera mucho más lejos, pero los detienen dos consideraciones; por una parte, el miedo a que las altas tasas impositivas fomenten la evasión y disminuyan demasiado el incentivo a tomar riesgos, pero principalmente la creencia de que el crecimiento del capital depende de la fuerza de los incentivos hacia el ahorro individual, y que una gran proporción de ese crecimiento depende del ahorro de los ricos".

Y entonces dice que, de acuerdo a la Teoría General, si no estamos en condiciones de pleno empleo una baja propensión a consumir no alienta la inversión ni el crecimiento del capital y que las medidas redistributivas que tiendan a mejorar la propensión a consumir incentivan la inversión y el crecimiento. Y esta señora concluye que el mejor incentivo para el crecimiento es aumentar la posibilidad de consumir de los más pobres que son los que tienen una flor de demanda postergada.

Su propia opinión, nos dice, es que puede haber algún tipo de justificación social y psicológica para que existan inequidades distributivas pero "no tan grandes como las que existen hoy". Si nos ponemos a pensar un poco, la distribución del ingreso en la Gran Bretaña de los años '30 ¿sería mayor o menor a la de América Latina A.D. 2009? Yo supongo que serían parecidas.

De todas formas, sus justificaciones para la existencia de cierta inequidad son bastante interesantes y hasta discutibles, como donde dice que "algunas peligrosas inclinaciones humanas pueden ser neutralizadas por la posibilidad de hacerse rico" o "es mejor que un hombre tiranice a su cuenta de banco que a sus conciudadanos". Ahí se olvidó que también es posible que un hombre tiranice a sus conciudadanos gracias a su cuenta de banco, pero quizás no del todo, porque concluye que sería posible limitar las dañinas inclinaciones humanas aún limitando bastante la posibilidad de hacerse rico en relación a la época en la que se encontraba. Que alguna gente sea más rica que otra está bien, que sean escandalosamente más ricas, no tanto, es lo que parece desprenderse.

Esto es sólo la primera parte del capítulo, que se completa con reflexiones sobre la evolución secular de la tasa de interés y su efecto sobre el capital, los capitalistas y los rentistas, con otras sobre el capitalismo, el socialismo y el totalitarismo, sobre el rol del Estado (no, no propone un Estado empresario, Artemio) al que le asigna la importante función de afectar la propensión a consumir y los incentivos a invertir a través del sistema impositivo, el manejo de la tasa de interés y de "otras formas". Supone que la tasa óptima de inversión no se va a alcanzar solamente gracias al manejo de la tasa de interés y por eso cree que el único medio de llegar a eso es un considerable grado de socialización de la inversión.

Y sin embargo dice que "no hay ninguna razón evidente que justifique un sistema de Socialismo de Estado que abarcaría la mayor parte de la vida económica de la comunidad. No es importante que el Estado asuma la propiedad de los instrumentos de producción. Si el Estado es capaz de determinar la cantidad total de los recursos dedicados a aumentar los instrumentos y la tasa básica de compensación a aquellos que los poseen, se ha realizado todo lo que es necesario".

Hay que reconocer que 72 años después los economistas sabemos no sólo cómo se distribuye el ingreso, cosa que ya sabía Keynes, sino también dónde tiene que invertir el Estado: en escuelas y hospitales, primero, y después en redes, esto es, transporte, energía y comunicaciones.

Que el 2009 sea un lindo año keynesiano.

15 comentarios:

Anónimo dijo...

A. Fu Manchú?

Primo Louis dijo...

Esto es lo mejor de la blogosfera: a un gran post de Artemio le siguió este de Ana, que de esto la sabe lunga.

Es lo bueno de los amigos: uno los puede elegir sabios.

Saludos!

Tincho dijo...

Lindo post Ana. La TG no tiene sustitutos cercanos a la hora de hablar de Keynes.

Saludos

Ana C. dijo...

Anónimo: ¿?

Primo Louis, estás en el podio de los comentaristas más simpáticos que tiene este blog!

Me hiciste reir con lo de los sustitutos cercanos, Tincho.

Anónimo dijo...

La esencia de la teoría keynesiana estriba en que el Estado burgués, con el fin de conservar y consolidar el régimen capitalista, debe intervenir activamente en la vida económica y asegurar elevadas ganancias a los monopolios capitalistas más importantes. Para ello, a juicio de Keynes, hay que fundar y ampliar empresas capitalistas a cuenta del presupuesto estatal, hay que prestar ayuda financiera a los monopolios. No es pequeño el papel que confiere Keynes al desarrollo de las industrias de guerra con el fin de aumentar el empleo de la población y disminuir el crecimiento del paro forzoso. Para llevar a cabo estas medidas, Keynes y sus partidarios proponen elevar los impuestos que pagan los trabajadores, intensificar más aun el trabajo de los obreros. Desde el punto de vista de Keynes, las crisis económicas pueden superarse regulando la circulación monetaria. Para que se eleve la ocupación y se amplíe la producción, propugnaba Keynes que el Estado asegurara el incremento de la rentabilidad del capital disminuyendo el salario real de los trabajadores, redujera el tipo de interés, recurriera a la inflación, mantuviera una política de militarización de la economía a costa de los recursos estatales, aumentara los gastos con otros fines no productivos. Entendía Keynes que el Estado burgués puede reducir el paro forzoso si se regula el consumo, la inversión de capital en la producción y el nivel del tipo de interés. Keynes y sus partidarios (el inglés Beveridge, los norteamericanos Hansen, Chase y otros) se han manifestado como apologistas del capitalismo monopolista de Estado. Los keynesianos creen que para aumentar la producción y el empleo de los obreros hay que asegurar altas ganancias y elevar el consumo no productivo de los capitalistas. Al mismo tiempo, propugnan que el Estado burgués utilice a los desocupados en obras publicas, que han de contribuir a que se incorpore fuerza de trabajo adicional y a que aumente la demanda de artículos de consumo. La idea de Keynes sobre la organización de trabajos públicos obligatorios encontró su aplicación práctica más completa en la Alemania hitleriana. Ahora bien, el que los capitalistas, según recomiendan los keynesianos, aumenten el consumo personal de artículos de lujo no puede provocar ningún aumento significativo de la demanda ni, por tanto, puede influir seriamente en el volumen de la producción. Bajo el capitalismo, los consumidores fundamentales son las masas trabajadoras, y sólo es posible aumentar en gran escala la demanda de bienes de consumo elevando el bienestar de las amplias masas populares, cosa que el keynesianismo no prevé. Carecen de base científica las tentativas de los keynesianos en el sentido de explicar por motivos psicológicos las crisis de superproducción, las fluctuaciones de los precios en el mercado, etc., así como el asignar al tipo de interés un papel extraordinario en la economía del mundo capitalista. Las concepciones económicas de Keynes figuran en la base de la teoría de la “economía dirigida”, teoría difundida en el mundo capitalista y que han incorporado también a su arsenal, los socialistas de derecha y los revisionistas.

H dijo...

Me encantó lo de "dónde tiene que invertir el Estado: en escuelas y hospitales, primero, y después en redes, esto es, transporte, energía y comunicaciones."

Una explicación clara (sobre todo lo de redes) que incorporo a mi bagaje intelectual. Gracias!

H
http://apuntes-urbanos.blogspot.com/

Natalio Ruiz dijo...

Muy bien, Ana

El 99% de los que ahora se justifican con Keynes no lo ha leído.

Saludos,

Cosas que Pasan

Anónimo dijo...

Qué diría Galbraith si viviera con el keynesianismo contranatura de Bombita Rodríguez?

Andrés el Viejo dijo...

El 99% de los que en las pasadas décadas denostaban a Keynes tampoco lo leyeron.
El 99,99% de los que rechazan a Marx no lo leyeron.
¿Seguimos?

Anónimo dijo...

dificil leer un libro cuando la demagogia reemplaza a los libros, andres el anciano...

Ana C. dijo...

Anónimo del 30 de diciembre a las 0.15, lo que usted dice está bastante en desacuerdo con lo que dice Keynes en el último capítulo de la TG.

Keynes no habla ni de ayudar a los monopolios ni de que "el Estado asegure el incremento de la rentabilidad del capital disminuyendo el salario real de los trabajadores". Y mucho menos que "para aumentar la producción y el empleo de los obreros hay que asegurar altas ganancias y elevar el consumo no productivo de los capitalistas". Y, como dice este post, por supuesto que había previsto que para que aumentara la propensión a consumir, los que tenían que consumir era lo que usted llama "las masas trabajadoras".

Por último, en todo ese capítulo hay un gran respeto y reconocimiento hacia las bondades y ventajas de la iniciativa individual, a la que supone "la mejor salvaguardia de la libertad de las personas".

Me parece que habría que retornar a las fuentes...

Anónimo dijo...

Keynes defendio a los trabajadores "contra" los bancos o la especulacion financiera, pero no les dio el paraiso terrenal prometido por el Marxismo.

Vecino horacio dijo...

La ciencia hace sus leyes a partir de buenas variables, bien definidas y medidas. En economía todo se hace muy difícil y por eso hay tantas escuelas económicas. Todos creemos, inclusive casi todas las escuelas, por ejemplo, que la buena distribución es valiosa en una sociedad. Pero todos diferimos en como proceder para aproximarnos. Yo prefiero no basarme en ninguna teoría sino que la sociedad toda decida por consenso y debate los mejores comportamientos.

El método del consenso tiene muchas ventajas creo, pero requiere de instrumentos aún no instalados en la sociedad para poder implementarlo bien. Por eso a veces hago proyectos que parecen descolgados como el de los e-mails sociales. Continúo desarrollando proyectos todos interconectados y que se ayudan unos con otros.

Ana C. dijo...

Con todo respeto, Horacio, Keynes sabía bastante más Economía que la que usted y yo juntos vamos a saber en tres o cuatro vidas, así que nunca viene mal aprender algo de él.

Vecino horacio dijo...

Ana, también, por supuesto, con todo respeto. Dos cosas:
1)economistas hubo muchos, tanto usted como yo creemos que Keynes es uno de los mejores. Me parece una tontería no leerlo, y no meditar bien sus conceptos que tanto enseñan.
2)Eso no quita que en ciertas cosas podamos pensar diferente. eso no le resta autoridad. Al contrario, exponer otros puntos de vista, que seguramente coincidirán con algún otro de los notables, nos ayuda a todos. Sería un error, creo, callarnos cuando raramnete se nos cae alguna idea.