miércoles, 17 de diciembre de 2008

Una economista en problemas

La mejor forma de hacer política fiscal para que sea oportuna, transitoria y dirigida es a través de los estabilizadores automáticos. Esto es, diseñando la estructura de ingresos y de gastos de forma tal que se vayan moviendo de forma contracíclica.

Así, como dijimos acá, si la estructura de impuestos está bien armada, los ingresos tributarios aumentan cuando la economía está en un período de auge y disminuyen cuando las cosas se enfrían. Y esa es una de las razones por las que son lindos el IVA y el impuesto a los ingresos. Cuando la economía crece, la gente tiene trabajo, le aumenta el sueldo y gasta plata, las empresas venden más y aumentan sus beneficios: aumentan los ingresos tributarios por impuestos directos (a los ingresos y a las ganancias) e indirectos (IVA, impuestos a las importaciones). Cuando la economía va mal, la gente pierde el trabajo, deja de comprar cosas y los ingresos tributarios caen.

(Por eso, también, es que las retenciones son un impuesto de mala calidad. Hacen depender a las finanzas públicas argentinas de los ciclos de los precios mundiales, que son bastante impredecibles y muy volátiles, en lugar de hacerlas depender más directamente del mismo ciclo argentino.)

Por otro lado, si la estructura de gasto está bien diseñada, el gasto aumenta cuando las cosas van mal y se reduce cuando las cosas van bien. Para que así sea, la idea es que haya sistemas de protección social que mantengan los niveles de ingresos de la gente cuando se queda sin ellos, por ejemplo, un seguro de desempleo o algún otro tipo de sostén como las famosas tarjetas alimentarias o los planes Jefes y Jefas.

Es claro que si la política fiscal funciona de esa forma, el balance fiscal aumenta o disminuye automáticamente según como vayan las cosas; mejora en las buenas y empeora en las malas. Por eso, para mantener el equilibrio fiscal a lo largo del ciclo, lo que hay que hacer es diseñar el presupuesto para que los déficits que voy a tener durante la recesión se compensen con los superávits conseguidos durante el auge.

De lo que hay que acordarse entonces es que si ese superávit que se consiguió durante el período de crecimiento apenas sirve para compensar el déficit de la recesión, en términos estructurales ni ese superávit, ni ese déficit son tales, de trata meramente de un equilibrio estructural. Tampoco hay que olvidarse de la deuda: Argentina necesita constantemente 2 puntos del PIB para pagar intereses y deuda, si alguna vez pretende dejar un país desendeudado a las generaciones futuras.

Sobre equilibrios estructurales, tenemos el primer post de Lindahl en este blog (que dicho sea de paso descubrí hace bastante poco, por increíble que parezca) y un post de Elemaco. De los dos se desprende que el superávit fiscal de los últimos dos años fue un poco menor de lo que se necesitaba para lograr un equilibrio estructural. Así que ahora, si se viene una recesión, nos encontramos en problemas.

Las buenas reglas de política económica dicen que en épocas de recesión hay que bajar los impuestos, aumentar el gasto o las dos cosas. Pero para eso hay que tener con qué. Como están dadas las cosas, el espacio de maniobra es bastante ajustado. Hablar de bajar ganancias, el IVA, las retenciones, todo junto y al mismo tiempo, es una locura que no sé a quién se le puede ocurrir. Los ingresos tributarios van a bajar solos, porque esos sí ajustan automáticamente. Si encima nos ponemos a bajarlos discrecionalmente, entrás en una pendiente de lo más peligrosa y vas armando un déficit de ésos que después se pagan a precio de oro.

Pero por el lado del gasto, en Argentina no hay estabilizadores automáticos, así que ahí sí tiene sentido el gasto discrecional. Sin embargo, con las restricciones que tenemos, hay que elegir. Aunque le guste a Tavos no se puede hacer política industrial y social al mismo tiempo. No tenés con qué.

Y yo elijo. Que la política industrial se vaya al cuerno hasta que la economía se recupere. Ahora hay que gastar en salud pública, jardines de infantes, formación profesional y ayudas directas para los pobres y los desempleados. Van a ser los más afectados por la crisis y, si quedan abandonados a su suerte, los que más problemas van a tener en volver a reinsertarse cuando llegue la recuperación.

10 comentarios:

Primo Louis dijo...

Crece el consenso en la blogosfera! capaz, como sugiere Lucas, lo que podría hacerse es crear un Ministerio de Desarrollo Social...

Muy bueno Ana, me gusto mucho.

Saludos!

Ana C. dijo...

Bueno, no importa tanto el nombre del Ministerio como el contenido de las políticas ¿no?

Lo que sí, hace falta una coordinación entre lo social y las finanzas.

RCW dijo...

Ana: lo de Primo Louis es un chiste. El Ministerio ese existe, y con ese mismo nombre. Lo preside Alicia Kirchner.
RCW

Tavos dijo...

Haga todo eso sin política industrial. Después cuénteme quien le vendió los materiales para la construcción, los alimentos, los textiles y todos los otros productos una vez que la demanda se reactive. Sin capacidad ociosa [suponiendo que la demanda siga creciendo de los niveles del 2008 en lugar de derrumbarse como está pasando] y sin crédito para nuevas inversiones, cuénteme cómo van a hacer las empresas para responder a la demanda.
Yo sinceramente no lo veo. Para que la economía siga creciendo se necesita impulsar la demanda y asegurarse de que la producción acompañe. Mire que ya no estamos en el 2003.

saludos

oti dijo...

“Si la estructura de gasto está bien diseñada, el gasto aumenta cuando las cosas van mal y se reduce cuando las cosas van bien”.

El problema con esto es lo que se considera “bien” y “mal” en términos sociales.

Lo grafico con un ejemplo.

Si una persona que caminaba más o menos normalmente por la calle la atropella un colectivo y queda tirada sangrando y quebrada las piernas, coincidiremos que se halla en una situación “mala”.

Ahora bien, viene la parte agradable del ciclo y a esa persona la socorren, la llevan al hospital, le cosen las heridas y le enyesan las piernas. Esta sería una situación de asistencia y salida de la situación “mala”.

Pero la cosa no acaba aquí. Se supone que para que consideremos que la situación vuelva a una normalidad relativa, la persona accidentada debe volver a caminar más o menos normalmente por la calle.

Y esto es lo que les cuesta comprender a los economistas, porque lo que no ven es que esa persona va a seguir su vida pero caminando con bastón o en silla de ruedas, lo que será considerado una “mejora” con respecto a la situación en que yacía sangrando y quebrada en la calle.

Entonces, el gasto no puede reducirse cuando las cosas van “bien”, porque en realidad, no van “bien”, van, aunque mejor respecto a cuando sucedió el accidente, objetivamente peor que antes del accidente.

La frase que suena linda académicamente, ninguna realidad tiene, porque en la lógica crisis/recuperación, ésta nunca restaura a cabalidad los daños sociales ocasionados.

Incluso, si mal no recuerdo, los gastos reales se redujeron mucho cuando los efectos de la crisis eran severos (2001/2002/2003), y empezaron a aumentar cuando se empezaba la política de socorro y mejoras. O sea que la secuencia real es la inversa (y dudo mucho que pueda ser de otra manera -dentro de las alternativas habituales- sin comprometer la recuperación posterior a la crisis). Nunca esos gastos son suficientes.

¿Si se hubiera gastado mucho más de lo que se gastó en 2002/2003, hubiera habido recuperación posterior?

Andrés el Viejo dijo...

Suscribo lo que dice Tavos. Es curioso que una economista se olvide que no puede haber consumo sin producción.

Ana C. dijo...

Tavos, hay una cosa que vos no considerás como restricción y es la de los recursos humanos. Cuando la economía llegó al límite en el 2007, lo que la frenaba no era la capacidad instalada de las empresas sino la oferta de energía y que no había gente capacitada para contratar. Seguí tirando gente a la basura y contame cómo crecés, después.

Y seguís sin recursos fiscales para financiar todo al mismo tiempo.

Oti, las cosas van "bien" cuando la economía crece y "mal" cuando hay recesión. El caso es para que la quebrada Argentina vuelva a caminar y a correr necesitamos que las cosas vayan bien por muchos años. Y mejorar urgente la distribución del ingreso.

Lo que es curioso, Andrés, es que gente que se dice de izquierda se olvide que la economía existe en función de los seres humanos y no al revés.

oti dijo...

Pero, Ana, el gasto público es para la economía o para la gente?

Porque si reconocés que la economía crece pero el proceso de recuperación social no lo hace a la par, no podrías concluir que hay que reducir el gasto o el ritmo de crecimiento del gasto.

Y la otra cuestión es que debe haber una relación entre la caída del gasto en la crisis con la recuperación posterior. Si hubiera sido al revés la cosa, o sea, mucho más gasto en la crisis y menos después, la recuperación posterior hubiera tenido las mismas características?

Horacio Aldo Cingolani dijo...

Me parece bien lo de los estabilizadores automáticos anticrisis. Sin embargo pienso que los indices impositivos deben variarse de a poco, Por ejemplo pasar el IVA del 21 al 20 % para ver que pasa durante un mes. Pero Hablo de cambiar un poco los porcentuales EXCLUSIVAMENTE. La estructura del sistema impositivo es algo totalmente diferente y creo que debe ser mucho más estable.
Hay otros valores que también pueden variarse lentamente de acuerdo a ecuaciones y resultados, como control anticrisis.

Andrés el Viejo dijo...

Ana, usted tiene razón (el estalinismo tenía esa tendencia), pero no deje de reconocerme que para que la economía atienda a los seres humanos tiene que existir. Desde antes que existiera la noción de economía, cuando nuestros antepasados andaban todo el día recolectando lo que podían para comer y afilando sus instrumentos de piedra.
Saludos